Valentía y rigor
UNA ENCUESTA revela que el discurso sobre la inmigración, el objetivo de echar al PSOE del poder, la defensa de la unidad de España y el freno al independentismo son, por este orden, las razones que llevaron a 400.000 personas a votar a la extrema derecha en Andalucía. El grueso de los actuales votantes de Vox había apostado antes por el PP y, en menor medida, por Ciudadanos. No es de extrañar que los discursos de los Casado y Rivera se centren en esas cuatro motivaciones para frenar o recuperar este voto ultra y olviden los aspectos más sociales.
Medios de comunicación, periodistas y humoristas gráficos que se alinean sin rubor con este tripartito han optado en estas últimas semanas por silenciar, rebajar el peso o desprestigiar dos medidas del Gobierno de Sánchez de gran calado social: la subida mayor subida del salario mínimo de los últimos cuarenta años y el incremento de las pensiones mínimas en un 3%, doce veces más que el año pasado con Rajoy.
Algunos de estos manipuladores de la verdad no solo demuestran poco rigor, lo cual es grave desde el punto de vista de la honestidad profesional, sino que ahora presumen de coincidir con Vox en su rechazo a trasladar a Andalucía las medidas contra la violencia machista y blanquean su intento inicial de no sumarse al pacto PP-Cs si persisten en mantener el punto 84 del acuerdo de gobierno sobre la igualdad entre hombre y mujeres.
No me caben muchas dudas de que la extrema derecha se sentará en cinco meses en el Parlamento de Castilla y León y en los plenos de muchos ayuntamientos tras la plataforma de lanzamiento que les ha supuesto Andalucía. Veo al líder del PP regional, Alfonso Fernández Mañueco, convivir con agrado con quienes detestan el Estado de las Autonomías, promueven el odio al inmigrante y repudian la creciente apuesta social por la igualdad. De los bandazos de Ciudadanos con Luis Fuentes me espero cualquier cosa y la contraria.
Está por ver cómo se manifiesta de aquí a mayo el discurso y las alianzas de las derechas sobre la inmigración en una Castilla y León donde han fracasado las políticas demográficas y donde cobra fuerza la amenaza de bajar de los dos millones de habitantes en la próxima década. La izquierda política está hoy lejos de ganarse la confianza mayoritaria de la gente. Necesita un discurso claro, valiente y positivo; con los inmigrantes, con la defensa de las mujeres, con el Estado del Bienestar, con los jóvenes, con el mundo rural y, sobre todo, con alternativas creíbles, viables y atractivas para una economía que no expulse a más gente a otros territorios.