Diario de Valladolid

Redacción de Valladolid

La cigüeña está en la UVI

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NOS enteramos esta semana que ya hay 1.761 pueblos de Castilla y León sin oficina bancaria. Cerraron más de mil sucursales en la crisis con la ayuda del Banco de España, es decir del Estado. El 15% de la población de esta Comunidad reside en municipios donde no hay medios para sacar dinero en efectivo.

Las mismas entidades que recibieron millonarias ayudas públicas, esas que nos imponen cláusulas abusivas, que se capitalizaron con preferentes y subordinadas, y que nunca registran pérdidas son las que abandonan los pueblos, dejando a mucha gente en la exclusión financiera.

Son los mismos pueblos donde la sanidad hace aguas, donde internet se resiste a llegar, donde ya cuesta mantener el bar y donde la cigüeña ya no tiene casi ninguna posibilidad de traer bebés. Año tras año vemos pasar estadísticas que nos dicen que mueren muchas más personas de las que nacen, que las mujeres esperan más años para ser madres y que somos incapaces de atraer población. Dice Ignacio Molina, director del Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico, que la receta para fijar población es recuperar derechos y que la política actúe. Y me permito añadir que es imprescindible convertir el enfado y la indignación en una contestación social –sean chalecos amarillos o 15M– que impida a unos pocos decidir por la mayoría.

Pero en esta España de finales de 2018 la vieja política no entiende de recuperar derechos porque fue ella los que trajo miseria, empobrecimiento y desequilibrios. La derecha no quiere hablar de eso; solo le interesa hablar de Cataluña, de la inmigración, de la bandera y de una parte de la Constitución… No quiere frenar ese proceso que Noam Chomsky ha llamado «de concentración aguda de riqueza en manos privadas», acompañado «de una pérdida del poder de la población general». Algunos medios de comunicación se han instalado con exceso de comodidad en esa ola que ilusiona a los poderes que les financian.

Los inmigrantes contribuyen a suavizar ese deterioro demográfico creciente, pero la ola de xenofobia que late en muchos círculos de la derecha no facilita esa integración. Y eso que estas personas que han salido de sus países, en ocasiones con elevados nivel de formación, son utilizadas por muchos señoritos, que luego los criminalizan, para los trabajos que nadie quiere hacer. Para que la cigüeña salga de la UVI hay que ofrecer a los bebés un mundo más digno y hay algunos con mucho poder que interpretan eso como la pérdida de sus privilegios. Son esos que cierran servicios financieros en los pueblos o se escandalizan porque el salario mínimo suba a 900 euros.

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