CICLISMO
Hammers sobre dos ruedas
El gravel, un híbrido entre carretera y rutas sin asfaltar, suma cada vez más adeptos en Valladolid, donde ya realizan sus primeras salidas
Cuatro aficionados al gravel durante una salida matinal en el Pinar de Jalón.-J.M. LOSTAU
Desde hace ya un par de años, las bicicletas gravel han ido ganando terreno en nuestro país. Las zonas de Levante y de Cataluña son las que encabezan el pelotón, pero en Valladolid ya hay unos cuantos aficionados que han apostado por esta modalidad de ciclismo, que se utiliza, mayoritariamente, con la intención de pasar un buen rato encima de las dos ruedas. La seguridad de alejarse del tráfico y los coches en un momento como el actual pesa cada vez más en los aficionados al cicloturismo, que han apostado por este tipo de modalidad que ofrece mucha diversión y una nueva visión de dónde y cómo se conduce una bicicleta.
No se trata de un tipo de bicicleta nueva, sino que tiene una larga historia detrás en países como Finlandia, Canadá o Estados Unidos, donde es una auténtica moda y tendencia ya hace varios años. Allí modificaron la estructura típica de las bicicletas de carretera para convertirlas en algunos casos en verdaderas bestialidades, más parecidas a los típicos hammers.
Se podría decir que una gravel bike es una mezcla entre una bicicleta de carretera y una de montaña. Ahora bien, los aficionados pueden disfrutar al máximo de los puntos fuertes de ambas modalidades. Algunas de las características es que los desarrollos son más pequeños que los que se usan en carretera, no llevan suspensión, los manillares más anchos, y ahora se está introduciendo monoplato.
En Valladolid ya existe un grupo que realiza salidas por la provincia. Está en Facebook y ahí es donde Miguel Ángel Basurco organiza las quedadas. «Noté que ya éramos unos cuantos los que nos movíamos con gravel, así que propuse salir todos juntos para poder disfrutar de las escapadas, les animo a que lo hagan con nosotros, que hacemos una ruta muy buena y gratis», recomienda el vallisoletano. «Es una filosofía diferente. A todo el mundo que usa bicicleta les recomiendo que se compren una grave porque se están gastando mucho dinero en una bici a la que no le sacan partido», comenta. No es la primera vez que se usan bicicletas de MTB más adaptadas a caminos súper técnicos, que a las pistas forestales que normalmente transitamos.
Las salidas se realizan por las rutas que ofrece el Canal de Castilla. «La verdad es que se pasa muy bien y es otra sensación distinta», detalla.
Basurco destaca la «polivalencia» de estas bicicletas, donde se une el cicloturismo de carretera con el mountain bike, y donde se abre la posibilidad a los que quieren disfrutar de tranquilos caminos de tierra sin grandes dificultades técnicas y saliendo del asfalto. «Es para ir tranquilamente, aquí no hay potenciómetros, que están tan de moda», comenta. Además detalla que no es lo mismo que el ciclocross, que es «una disciplina competitiva en sí» y aunque en muchos casos se comercializan bicicletas tanto de esta modalidad como de gravel con idénticos modelos, «las de ciclocross suelen tener una aerodinámica más agresiva en general, adaptada para competiciones muy explosivas y exigentes».
Las cubiertas también suelen guardar diferencias entre ambas modalidades, siendo normalmente más anchas las de gravel y con menos taco para que guarden esa polivalencia a la hora de rodar por carretera pero también sean resistentes por caminos de tierra. «Como no tenemos suspensión tienes que jugar con ellas, y la verdad es que es uno de los atractivos de esta modalidad», apunta.
De esta manera, se acabó decidir entre montaña y carretera, entre asfalto y tierra. Ahora se puede disfrutar de todo ello gracias a esta disciplina de un ciclismo más versátil y más dinámico. El gravel ha llegado para quedarse.