Diario de Valladolid

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MIRO con curiosidad y ternura la foto. Siete varones de mediana edad posan, con gesto sonriente y beatífico, en un patio en el que, seguramente, no madura el limonero de Machado, pero sí se puede observar un huerto, con sus raíles arenosos, en los que algunos brotes verdes han nacido. Y me pregunto: ¿son siete frailes en una casa de oración, fieles a sus anuales ejercicios espirituales, de los que saldrán purificados para extender su semilla de amor eterno e incondicional? Pues no.

Lo que sí es más probable es que acaben abandonado la prisión real por el enamoramiento de Sánchez con el poder, fruto del cual pueda dar a luz un indulto, parto que habrá de producirse en esa Casa de Socorro en la que se ha convertido la Moncloa.

Presos de su propio delirio nacionalista y supremacista, el Tribunal Supremo les ha puesto un tratamiento paliativo, pues resulta muy complicada la curación. Incluso la mejoría es dudosa. Ellos son los protomártires de una cruzada sustentada en las leyendas más delirantes, a quienes sigue esa multitud de seres que constituyen una masa informe, cuyo denominador común se podría simbolizar en unas mentes envasadas al vacío; no solamente no contienen nada valioso, sino que son refractarias a recibir nada del exterior, no vaya a ser que se ponga en duda todo su simplista andamiaje de historias, agravios y victimismo.

La vida con excedentes materiales y carencias cognoscitivas produce esos monstruos de ficción, aunque el aborregamiento, de otra índole, también se da en el caso de limitaciones en ambos vectores, y de ahí el susanismo ceceante.

Mientras tanto, Turull y Sánchez se marcan un Bolinaga. El nacionalismo es la obesidad de la ignorancia y quieren impresionar. Pero la República los necesita, así que no faltará la butifarra nocturna y perfumada.

Aquí, en territorio CyL todo sigue (casi) igual. No hay delirios nacionalistas, por sensatez, y quizá también por falta de un espíritu soñador. Una cosa es que los políticos parezcan dormidos y otra la modorra institucional. Apenas se responde a estímulos que se ofertan con sesgos de oportunismo.

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