BALONMANO
De los patios a la Asobal
La pareja formada por Luis Colmenero y Víctor Rollán ha pasado en una década de dirigir partidos en juegos escolares a hacerlo en la élite del balonmano nacional

Los árbitros de Asobal Luis Colmenero y Víctor Rollán posan con sus tarjetas en el patio del colegio.-J. M. LOSTAU
Cuando las estrellas de la música ponen la vista en sus raíces, todos, sin excepción, recuerdan cómo sonaban los acordes en las pequeñas salas, una sazón especial para disfrutar aún más el sabor de los grandes escenarios. El mismo paisaje se puede adaptar a los campos de balonmano, donde no sólo los jugadores sueñan con jugar en los grandes estadios, sino también árbitros como Luis Colmenero y Víctor Rollán, dos vallisoletanos que han pasado en una década del frío de los patios de colegio al calor de los pabellones de la Asobal.
El camino se hace andando. Da igual que le comiences a andar pronto o tarde. Para muestra, un botón... o dos árbitros. Los campos de colegio El Carmen fueron el campo en el que Colmenero y Rollán plantaron por separado sus primeras semillas en el balonmano. Uno (Luis) lo hizo con 29 años y con experiencia como jugador; otro (Víctor) con 17 y nuevo en la materia.
«Yo jugué mucho tiempo al balonmano y luego entrené, pero tuve un parón de 8 ó 10 años. Tenía un amigo que me decía que por qué no me dedicaba a arbitrar. Al principio no le hice mucho caso, pero luego decidir probar, con 29 años. Habían cambiado todas las normas», bromea Luis Colmenero, que añade: «Cuando empiezas te entra el gusanillo y quieres arbitrar y mejorar. Además, progresé más rápido porque había jugado antes».
El prólogo de Rollán fue muy diferente: «Yo había hecho deporte toda la vida, pero llegó un momento que me saturé y decidí dejarlo. Me encontré sin hacer nada de repente y le dije a mi hermano, que jugaba, que preguntara a un árbitro qué había que hacer», recuerda. Se sumó al curso de árbitro a la mitad y el salto al ruedo fue complicado, como reconoce: «Me enganchó mucho, pero tenía dificultades. El problema para jugadores y entrenadores era que les estaba arbitrando una persona ajena al deporte y encima era muy malo. Era complicado para ellos y para mí. Al principio sufría mucho, porque con 17 años sabías que lo estabas haciendo mal y que quedaba mucho por mejorar», confiesa. La solución la encontró en la insistencia: «Yo tenía que suplir mis carencias viendo partidos de compañeros que llevaban mucho tiempo. Era muy pesado, preguntaba mucho y me aferraba al reglamento», recuerda.
El reglamento no fue ninguna piedra en el camino de Luis Colmenero, que en su carrera ha tenido que llevar la mochila de su padre (Luis Colmenero, una institución en el arbitraje español). «Algún compañero dice que has llegado lejos por cómo te llamas. La envidia siempre está ahí, es una espina que no te puedes quitar», lamenta. Desoír el ruido es la primera lección de un árbitro que tiene en casa un padre orgulloso de ver cómo su hijo emula sus pasos en la élite del balonmano nacional.
Aunque la casualidad decretó que Víctor Rollán y Luis Colmenero debutaron sobre las mismas tablas, sus caminos no se cruzaron hasta mucho después. Cuando la pareja de Colmenero, Paco Conejo, se mudó fuera del país, se encontró sin una media naranja que encontró en Rollán, también ‘soltero’ en la pista. Así se formó esta ‘extraña pareja’. La diferencia de edad (diez años) no fue una nota discordante para hacer la melodía perfecta sobre el 40x20. «Al principio se notó la diferencia de edad, pero al final nos hemos adaptado. Él me hace ser menos serio y yo a él más responsable», entiende Luis Colmenero, a lo que su compañero añade: «Luis me ha aportado madurez y yo a él le hago que rejuvenezca y que no se haga mayor tan rápido», bromea.
En cinco años juntos, la dupla Rollán-Colmenero ha viajado en una nave espacial. A la velocidad de la luz ha conseguido el ascenso a Plata y después a Asobal, donde debutaron el pasado 14 de septiembre en el José Luis Santamaría de Guadalajara. Un Quabit-Teucro fue el cartel la inolvidable noche del estreno. «El momento más bonito de mi carrera fue el debut en Asobal. Cuando me di cuenta de que iba a pitar yo el inicio de partido respiré hondo, miré a la grada y a Víctor. Quise disfrutar ese momento», confiesa el mayor de la pareja. Una sensación casi indescriptible que logró emocionar a su compañero: «En el momento de iniciar el partido se me caía la lagrimilla. Sólo he llorado en dos partidos, en el debut y en el Atlético Valladolid- Antequera en el que ya había ascendido el Recoletas y el ambiente en Huerta del Rey era increíble», asegura.
El nombre de la pareja ya está entre los más grandes de España. Valladolid, que ya contaba con Antonio Merino y Javier Moyano en Asobal, puede presumir también de arbitraje. El equipo Rollán-Colmenero ha encajado en la élite como anillo al dedo. Un techo de momento irrompible con una internacionalidad. Luis, por edad, lo ve imposible (aunque no descarta poder pitar en el extranjero gracias a los convenios federativos con países como Rusia o Japón) y Víctor (árbitro internacional de balonmano playa) no ve otro futuro que no sea junto a su pareja de baile: «Con él moriré en los campos», concluye el joven Rollán.
FUTURO Relevo en el mundo del silbato
ESCUELA . El arbitraje vallisoletano es una arboleda con árboles repletos de frutos. La creación de una escuela de árbitros asegura que la juventud apriete desde abajo a parejas como la formada por Víctor Rollán y Luis Colmenero. Cuando ellos llegaron a nacional, la cantera del arbitraje era un desierto que había dejado 15 años de vacío. Eso cambió cuando cogieron el volante de un proyecto de formación de árbitros, un rastreo que ha dado con varios tesoros. La primera escuela, #La fábrica2013, contó con más de medio centenar de alumnos, de los cuales hoy dos son ya árbitros nacionales: Kalina Veselinova y Álvaro García San José. Un año después ingresó en el curso Raúl López Burgueño.