Los monederos falsos
El autor señala que «en España estamos rodeados de moneda falsa», asegurando que los políticos predican la mentira, a través de los medios de comunicación afines, con el objetivo de conseguir «engatusar» al público
Las palabras son el principal medio de intercambio de información (en sentido amplio: ideas, emociones, cotilleos… y un sinfín de contenidos más) que tenemos los seres humanos. De hecho, es lo que nos hace humanos en sentido estricto, por encima del nivel puramente animal (del que podemos seguir disfrutando tranquilamente sin dejar de ser humanos). Por eso se dice que somos el más perfeccionado de los tres «reinos» que componen la vida terrestre. Sin embargo, las palabras también pueden transmitir información falsa, pueden servir para engañar, defraudar o falsificar, ocasionalmente; y lo normal es que desde muy pronto –nada más salir de la infancia- aprendamos a defendernos de este peligro. Por eso, a partir de una edad y de alguna experiencia frustrante…, dejamos de ir por la vida a pecho descubierto y tragándonos todo lo que nos cae envuelto en el bonito papel de la palabra. Unos somos más suspicaces que otros pero en general todos nos vamos «bandeando» para sobrevivir en nuestro mundo de gente (a partes iguales, dejémoslo ahí) honrada y mentirosa.
Ahora bien, puede ocurrir también que algunos -generalmente grupos o profesiones- perviertan de forma habitual el uso del lenguaje y hagan de la ocultación de la verdad su medio de vida: timadores, ilusionistas, encantadores de serpientes…, «monederos falsos» en definitiva. A veces, incluso, estos grupos van más allá de su medro personal y pretenden convertir la mentira en «un instrumento para cambiar el mundo». Permitidme utilizar esta expresión exagerada, amables lectores, tomada directamente de la fraseología de los comunistas, tan duchos ellos en tácticas de «engatusamiento» (al servicio de su paraíso comunista, claro). También la poesía social, allá por los años 60, con idéntico propósito, utilizó una expresión parecida: «la poesía es un arma cargada de futuro», que dijo Gabriel Celaya; esto es, el uso de la Poesía (en cierto modo «la mentira») para conseguir objetivos políticos.
La práctica se ha generalizado, pensemos en la polvareda que se ha levantado estos últimos años por culpa de la noticias falsas (fake news). Yo a esto lo llamaré «moneda falsa» y me atrevo a afirmar que, en España, estamos literalmente rodeados de moneda falsa. Los medios de comunicación de masas, ese inmenso «amplificador» de mensajes, facilitan que los monederos falsos broten por doquier. No sé quién dijo (me parece que fue Goebels) que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad. Pues eso, que a fuerza de repetir un lema, una idea, una soflama…, si no estamos ojo avizor, terminamos tragándola: terminamos cambiando nuestra imagen de la realidad y nuestra visión de la historia, aunque estas últimas estuvieran en principio bien fundadas y sean más verdad que la Biblia y la ciencia juntas.
Por eso, los seres humanos que normalmente nos defendemos de la mentira ocasional con bastante éxito, deberíamos inventar alguna técnica para defendernos de los monederos falsos. Hasta ahora no se ha podido inventar gran cosa, lo único que la democracia nos permite hacer es devolverles su falsa moneda, no admitírsela; es decir, no comerciar con ellos. No tragarnos las ruedas de molino de su discurso y negarnos a negociar cualquier cosa que se asiente sobre ellas. De momento, pues, solo podemos utilizar los mismos altavoces que ellos utilizan -los medios de comunicación de masas- para demostrar que no nos hemos dejado engatusar por sus cantos de sirena. Yo trataré en este artículo de aportar algún ejemplo de estas monedas falsas que tanto circulan en nuestros tiempos, esperando (no sé si ingenuamente) con este gesto mío estimular a la inmensa mayoría silenciosa que suele callarse por pereza o dejadez (o aburrimiento) ante la osadía y el cinismo de los actuales monederos falsos:
Es una moneda falsa de toda falsedad decir que los partidos de la extrema izquierda buscan el bien común, la riqueza de la sociedad, la libertad y la democracia. No puede ser. Y lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Buscan lo que siempre han buscado: romper el sistema democrático liberal y apoderarse de los resortes de poder para «hacer de las suyas». Lo hacen, dicen ellos, en nombre de los trabajadores y «parias de la tierra», que eso sí queda muy progre y bienpensante. Pues sí, sí: a estos monederos falsos los tenemos instalados en esta mentira y predicando constantemente en sus medios de comunicación afines. Lo malo es que los jóvenes más desinformados (que desgraciadamente son muchos en España, lo digo porque lo sé y lo he vivido) les aceptan su falsa moneda.
Es una moneda falsa de toda falsedad que la guerra de Sucesión española(1701…) fuera una guerra entre Cataluña y España: allí solo se ventilaba qué dinastía europea –borbónica o austriaca- entraría a gobernar España. En Cataluña, como en todas las regiones de España, hubo partidarios de ambas. Otra cosa es decir que si hubiera triunfado la dinastía austriaca, habría ganado una España menos centralista…etc. No sé… ¿Pero España hubiera ido mejor o peor? ¿Más o menos próspera? Nadie lo sabe. Esto es sencillamente una ucronía: no podemos sacar conclusiones a partir de ella. Esta moneda falsa lleva circulando mucho tiempo; no sé si más atrás de 1982 porque visionarios, arbitristas e iluminados los ha habido siempre, pero puedo atestiguar que circulaba al menos desde ese año: me la intentó pasar a mí, personalmente, como moneda de curso legal, un entrañable amigo/conocido valenciano. Yo en aquellos años, no me preocupé demasiado, me pareció un divertimento privado más o menos simpático.
Es una moneda falsa de toda falsedad el tinglado del referéndum de autodeterminación (con lo que las monedas de cambio que le acompañan: España nos roba, España-fascista nos reprime, el «exilio de Puchimón», los «presos políticos»…): no puede haber referéndum de autodeterminación ni ahora ni nunca, ni pactado ni no pactado, ni consultivo ni vinculante. Es una inmensa moneda falsa. No lo puede haber porque no lo permite la Constitución, y no hay más que esto. No hay más leña que la que arde. Es más, si algún débil mental de los que mandan (ya ha pasado en Reino Unido, hace bien poco) se le ocurriera alguna vez conceder algo semejante a una Comunidad Autónoma ,no solucionaría el problema, lo haría más grande. Porque ninguna parte de España se puede separar del resto solo porque lo decida ella (da igual el porcentaje de desafectos que apoyen esta segregación): solo mediante pacto con el resto de españoles se podría llegar a una cosa así. Pactando y pagando, claro está. Porque Cataluña es de los catalanes y del resto de españoles, lo mismo que Castilla es de los castellanos y de los catalanes, vascos, andaluces…etc. La Historia con mayúsculas nos ha uncido al mismo carro y solo la Historia con mayúsculas nos separará, no una decisión de unos cuantos visionarios o de unos políticos sin grandeza.
Es una moneda falsa de toda falsedad decir que los medios de comunicación, si no predican lo que yo creo o siento, son «basura mediática amarillista» como hace poco ha dicho una «eminencia» del partido en el gobierno. Así como también lo es afirmar que los sucesos del 2 de octubre/2018 en Cataluña (CDR en pie de guerra, literalmente) son «asumibles» para el Gobierno, como lo ha dicho un miembro destacadísimo del mismo. También es moneda falsa de toda falsedad afirmar que «el problema catalán es un problema político que se arregla dialogando»: ¿hasta cuándo hay que seguir manteniendo el trampantojo del diálogo? (quousque tandem abutere, Torrae Puchimoncis, patientia nostra, que diría el clásico). ¿No han dado pruebas sobradas (abusivamente) de que no se puede dialogar con quien no quiere otra cosa que imponer su voluntad minoritaria a la mayoría de españoles?
Y termino (por falta de espacio, no por falta de materiales): no faltará quien diga que no denuncio monedas falsas de los partidos de centro derecha. Pues bien, no niego que estos sean, en muchas ocasiones, corruptos, soberbios, nepotistas, falsarios, cobardones, egoístas, insolidarios… Pero que lo glosen otros. Porque de momento a mí lo que me preocupa es lo que está pasando, ahora; y en manos de quién estamos, ahora.
Javier Diosdado Moras es catedrático de Literatura jubilado.