Geografía sentimental
CADA VEZ que leo un sucedido relacionado con Portugal y nosotros, me asaltan dudas sobre el fondo de la noticia. Y casi como un resorte cuestiono el mensaje hermano. Porque es éste el tratamiento fraternal que damos a todo lo luso, aquí en región. Portugal es hermana. Los americanos son hijos. Cuando se trata de algo que tiene que ver con el Duero y el Douro me asaltan alarmas sentimentales. Siento que los protagonistas de la noticia no tienen sentido geográfico sobre lo que anuncian. Pero es curioso si mencionas Duero y Douro a un paisano o paisana que esté en el último pueblín perdido de Castilla y León –pronto escribiremos muerto– seguro que de inmediato asocia los dos ríos a esta tierra y a la lusitana.
Y es que, mi generación y la de mi madre, con toda seguridad saben dónde está Duruelo de la Sierra y los Picos de Urbión y el Océano Atlántico y la otra orilla de Oporto que se llama Vila Nova de Gaia. Hoy son incapaces de deletrear el pueblo de sus abuelos. Pues eso, que la geografía es la prueba del algodón para patrioteros oficiales, politiquillos territoriales e intelectuales de internet. Me cuesta creer que se emplean de corazón en las tres eses: seriedad, sentido y sentimiento, a la hora de gastar los fondos europeos y los euros de todos.
Dudo de la complicidad en apretones de mano que ilustra el pie de foto. Basta hacerles pasar la prueba del algodón… ¿La última vez que pisó La Raya?, ¿qué une a Valpaços con San Esteban de la Sierra?, ¿a qué hora sale el barco salmantino hacia Portugal?, ¿dónde puedo ver la cara a Viriato?, ¿qué relación tenemos con los grabados prehistóricos de Foz Coa? Dígame cuatro - solo cuatro- castas portuguesas … por no entrar en dos libros de viaje alucinantes: el de Saramago por Portugal y el de Unamuno en tren.
Servidor no es nadie para examinar, solo lo era un juego de conciencia territorial y de geografía sentimental. Me apena el desconocimiento de lo muchísimo que nos une… Patrimonio de la Humanidad, espacios naturales, arcano etnográfico, un río único, joyas ampelográficas, rasgos arqueológicos fascinantes y un pasado unido a aquel pastor lusitano que tanto incordió a los romanos. Y por supuesto, una lengua que debería enseñarse a los niños zamoranos y salmantinos en nuestras escuelas de La Raya. Algunos mayores estamos en ello.