El arca del Comunero
ESCRITO así se presta a muchas lecturas, esperemos a desenredar el titular al final. Lo mejor de un laberinto es serpentear y dar rienda suelta a la curiosidad hasta alcanzar la salida que es aliada de la libertad. Nada que ver con el cajón de los pertrechos de un soldado de la revuelta de las Comunidades; Ni mucho menos con el cofre del que «en buena hora nació».
Tampoco es el arcón pesado y entrañable que sigue como una losa del pasado en el zaguán de casa y con más de tres siglos y entero. Ojo al dato Ikea. El arca del titular no guarda relación con esa bonita historia de baúles que custodian documentos en algunos pueblos y que siguen cerrados con varios candados cuyas llaves que deben abrir varios. Buena cosa es esa de necesitar tres llaves, tres conciencias, para abrir los bienes del común. O ese arca soriana que en Cantogordo, cada seis de enero, los de San Andrés y Almarza recuerdan en procesión que la dehesa boyar y el monte es suyo, del común. Lo dicen los documentos del arca que también se abre con dos llaves, una por candado. En muchos pueblos todavía están las arcas sin candar, habrá que pasar la llave y catalogarlas. El arca si guarda relación con el de Noé. Y el comunero con el común. Hay un lugar en el alto Arlanza burgalés que llaman de antiguo El Comunero Revenga. Desde el XVI monte, bosque, pradera, ermita y crucero pertenecen a tres pueblos serranos Canicosa, Regumiel y Quintanar.
De ahí que la campa de Revenga sea todo un símbolo para el común de los tres pueblos. Cada año la, posesión es de uno de ellos y sus alcaldes toman la vara en el día de la fiesta a finales de mayo. Es entonces cuando se pinga el mayo, procesionan cruces y pendones, suena la dulzaina en la Fiesta del Comunero Revenga.
Pues bien en esos mismos prados, entre frondosos bosques de altos pinos y al lado de la Casa de la Madera, un leñador de toda la vida, serrano hasta el tuétano, hábil con el hacho y el tronzador y conocedor de los secretos de los hongos del bosque sueña con construir un arca como el de Noé para dar utilidad a la madera que no se aprovecha y enseñar el oficio a los jóvenes. Y tener lista la nave por si vuelve el diluvio. No le falta razón al bueno de Angel que todos llaman «capitán» que sueña con ver construida su obra que pasará a llamarse el Arca del Comunero. Por mi parte tengo el hacha afilando.