Preocupación por el futuro de las infraestructuras pendientes
SI ALGUIEN esperaba que el ministro de Fomento del Gobierno socialista de Pedro Sánchez arrojara algo de luz sobre las obras empantanadas en Castilla y León, ayer se quedó como estaba, por no decir que más preocupado que antes, ya que los grandes proyectos pendientes siguen igual de inciertos.
En su primera visita oficial a Castilla y León, para inaugurar un tramo de la A-60 que lleva terminado mes y medio, el titular de Fomento, José Luis Ábalos, se limitó a pronunciarse sobre actuaciones que ya están anunciadas desde hace tiempo, se encuentran en ejecución, o figuran en los Presupuestos Generales del Estado para este año. Fue tanto como no decir nada, puesto que su silencio sobre los proyectos de calado no hizo sino sembrar la preocupación respecto a unas infraestructuras cuyo futuro Castilla y León espera que se empiece a clarificar.
Este es el caso, por citar algunos de los proyectos más relevantes, de la A-11, o Autovía del Duero, sobre la que ya se ha perdido la cuenta de los años que lleva pendiente del empuje definitivo, y en la que los tramos en marcha se alargan inexplicablemente durante meses. Otro tanto ocurre con la A-60, motivo de su visita de ayer a León, donde el ministro inauguró la puesta en servicio del subtramo que conecta Santas Martas con la capital leonesa. Un total de 20,3 kilómetros que entran en servicio después de 12 años, el paso de seis ministros por la cartera de Fomento y una inversión que supera los 95 millones. Para el resto, lo que constituye el grueso de la autovía, José Luis Ábalos se limitó a avanzar lo que ya se sabía, la redacción de proyectos para 60 kilómetros que se impulsarán en 2019. A esto añadió su «compromiso» de «mantener el ritmo inversor en las obras en marcha y continuar el trabajo que se está llevando a cabo en esta autovía», que viene a ser tanto como decir que la A-60 va para largo si el actual ritmo no se acelera en los próximos años.
En cuanto al ferrocarril, el ministro tampoco despejó dudas sobre el AVE a Burgos y la continuidad del de Zamora, además de eludir, estando precisamente en León, cuándo los trenes hacia esta capital circularán con la verdadera alta velocidad. Y, en lo que se refiere a Valladolid, nada se oyó de asuntos tan importantes como los largamente esperados talleres de Renfe, o si la opción del soterramiento es aún viable.
El colmo de la visita es que Ábalos acudiera a un acto político innecesario –sobre el que cabría preguntarse qué criterio institucional se siguió–, dado que las obras estaban terminadas desde hace mes y medio, y ni siquiera admitiese preguntas de los periodistas.