Lenguaje humillado
EL lenguaje lo es (casi) todo. No sé en qué medida al principio fue el Verbo, pero sí que en estos tiempos los adjetivos han adquirido un título nobiliario de rango no menor al de los sustantivos. Resulta difícil, eso sí, no contemplar cómo la realidad se va modificando en paralelo, y de modo coetáneo, al uso, contenido e intención de las palabras. Cuando los humanos menos inteligentes, que van ganando peso proporcional en la sociedad, logren equiparar en derechos a sus congéneres y los animales, surgirá una nueva revolución, aquella en la que los vocablos, hastiados y humillados por un uso intencionadamente demagógico, digan ¡basta! Claro que entonces habrá que ver si basta significa basta. Quién sabe.
Modificar el sentido de cada palabra, y mandar a freír espárragos a la etimología, es una moda ya común. El sentido literal de las cosas importa poco, y se trata de dar con una interpretación que colabore con el proxeneta de vocablos de turno. Contrariar la naturaleza de una expresión ya no escandaliza… Zapatero logró que hubiera un incremento negativo, es decir que algo que sube en realidad esté bajando, y así nos fue.
Algunas de las torturas que un ser de mediana inteligencia puede sufrir en el presente son las del independentismo fanfarrón y macarra, en el que la ignorancia cotiza en valores sólidos, el feminismo radical y el animalismo muy ladrador y no menos mordedor. La utilización, el uso y abuso, del lenguaje desde estas tres posiciones patológicas permite abrigar el peor de los pesimismos sobre la evolución humana, sin necesidad de ir al museo de Burgos.
Así, los independentistas y lánguidos purpurados canónicos, quieren que el proetarra obispo Setién sea recordado como un hombre de paz. Bien, pero siempre que ellos acepten que De Gea ha sido el mejor portero del mundial. Ya que se lo toman a chiste pues envidamos. Luego viene lo del lenguaje inclusivo, que prepara su desembarco en la Constitución. Será lo de menos. El lenguaje ha sido, hasta ahora, la mejor herramienta y, por lo tanto, el mejor síntoma de los avances del ser humano. Y por ello el mejor instrumento para lograr manipular su conducta, valores y fines.