Diario de Valladolid

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LA cultura transita en los titulares como la estrella polar en el firmamento. Acento machacón en la política y lamento permanente del común. Si nos propusiéramos desbrozar la cultura subiríamos a la Torre de Babel. Sigamos con el significado de esta gran palabra, que todos pronuncian con la misma ligereza que la de Libertad. Que esa es otra… pero hoy no toca. ¿Qué es cultura? Tiro de Wikipedia. Soy un traidor. Tengo mi biblioteca a 35 kilómetros, pero la fuente, a tan solo a cinco centímetros de mi dedo. Y a un clip en segundos. Cada vez que lo hago siento remordimientos. Casi quince años después, sigo llorando lágrimas de papel por el desahucio consentido que me obligó a encarcelar mis libros. Lamentos fuera. Dice la «Wiki» que tiene muchos significados interrelacionados y que se han clasificado más de 250 distintos. En el ámbito cotidiano, la palabra cultura la utilizamos en su más alto nivel, en las Bellas Artes y las humanidades. Y, además, define los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo. Ahí es nada. Pero antes –y aún hoy– tenía que ver con la agricultura, de ahí que, en viticultura, podar, tratar y labrar sigan denominándose prácticas culturales. Dejo pues el camino arado a filólogos, etólogos, antropólogos, historiadores y lingüistas que sientan sus cátedras. Y en versión unamuniana me inclino por esta acepción:intracultura. Ni alta, ni contra, sino intra, o sea, la más baja… Un palomar, un paloteo, una charrada, un chozo de pastor, un plato de ajo carretero, los versos del poeta de mi pueblo, los cuadros que pinta madre, los cuentos de toda la vida, los cuentacuentos de ahora, la puesta de sol, el canto del cuco,la entradilla de una dulzaina o el suspiro de la «princesa de los vientos», que es la flauta travesera. Ayer mismo lo comprobé. La cultura era algo parecido a lo que interpretaban Katrina y Jarabo en un pueblín muy pequeño, con un castillo en ruinas, una iglesia monumental incompresiblemente olvidada y un puñado de paisanos cultos y mayorinesque aplaudían sin parar junto a tres «chiguitos» –niños en palentino– que también aplaudieron después de la piscina, como es de recibo. El dónde: Torremormojón. Viene en la «Wiqui». Menos es nada.

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