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EL DISCURSO feminista de Juan Vicente Herrera y su reconocimiento expreso de que nunca volverá de decir que Castilla y León está fuera del mapa de la corrupción son las únicas novedades sobresalientes en su complaciente homilía del debate del Estado de la Comunidad.

La potencia de la revuelta del 8 de marzo, la mayúscula indignación popular con el trato de favor judicial a La Manada de golfos y violadores, y la «inasumible» brecha salarial obligan a un presidente nada menos que a marcarse el reto de convertir la igualdad en otra seña de identidad de Castilla y León.

El símil estudiantil del mal alumno, que utilizó Luis Tudanca para acusar a Herrera de hincar los codos a última hora, se le volvió en su contra al secretario regional del PSOE. «Usted me suspende pero son los ciudadanos los que le suspenden a usted». Y es verdad. Los socialistas van de capa caída en las elecciones y Herrera ha demostrado que sabe ganarlas. Pero una democracia que solo valora las notas electorales para evaluar a un político está cerca del estado terminal.

Herrera y el PP suspenden la asignatura de población; ninguna comunidad se vacía como Castilla y León. El PP y Herrera están lejos de sobresalir en economía; la región ha perdido peso y ya representa menos del 5% del PIB. Herrera y el PP no supera la prueba de los crecientes desequilibrios territoriales, porque ha consolidado provincias de primera alejadas de provincias de segunda. El PP y Herrera han recuperado el volumen de producto interior bruto (negocio) pero no el volumen de parados anteriores a la crisis ni mucho menos el empleo o la población activa

Resistirse a reconocer verdades como puños de debilidades manifiestas resta credibilidad al discurso real de las fortalezas en educación, servicios sociales, política industrial, diálogo social… Esa declaración de «amor» y «compromiso» con esta tierra que cerró su discurso sería más creíble si asumiera errores, anunciara medidas para corregirlos y practicara también en eso la humildad que le caracteriza en otros terrenos.

Y en ese reto de la coherencia en el que debería instalarse la clase política seria, Herrera debería remangarse ya para conseguir la ambición de que Castilla y León sea tierra de igualdad entre hombres y mujeres. Si realmente la revuelta feminista ha calado en su despacho no lo dirán tanto los resultados electorales como las decisiones irreversibles que tome en estos diez meses que le quedan. Eso sí que sería amor y compromiso con discriminadas.