Pablo (Podemos) o como ser el guitarrista de AC/DC
Tiene como una doble personalidad el líder de Podemos en Castilla y León. Esa que lleva al joven sensato, preparado, trabajador, esforzado, pleno de convicciones y de rigor a convertirse en el guitarrista de AC/DC subido al escenario en el sevillano estadio de la Cartuja, con un público enloquecido por el ritmo frenético de Highway to hell, coreando a un escayolado y circustancial Axl Rose. El guitarrista ese del caballito perpetuo, o sea, Angus Young, que ya no sabe si toca o aporrea. Será lo que tienen los púlpitos. Que hasta al más sencillo le transforman su serenidad en fingido histrionísmo de ansias electorales. Será que en vista de que su tocayo, el de recién adquirido chalé, se ha encontrado que en su afán por echar a Rajoy puede acabar pertrechando a su verdadero rival político y desde el círculo de Madrid, ese círculo cerrado que todo lo decide en la formación morada, han dicho que hay que subir el tono y el volumen. Que se arriman las urnas del próximo mayo y hay que signifircarse como la opción de izquierdas frente al PP, donde el PP todavía es el Poder y la Gloria, como en el libro de Graham Greene. Y ayer, con motivo del Pleno de las Cortes, lo volvió a repetir y a poco menos que casi pide hasta la dimisión del palo de la bandera. Eso sí, con énfasis. Yqué manía de gritar, cuando en una tribuna lo único que hay que hacer es modular y entonar. Y es una lástima, porque Pablo Fernández gana mucho cuando se limita a ser Pablo Fernández, un joven sensato, mesurado, reflexivo, convencido, coherente y sereno. Porque para ser el guitarrista de la banda australiana hay que ser Angus Young. Y la acustica del faraónico mausoleo de las Cortes, por mucha cúpula nacada que le endosaran, carece la acústica de la Cartuja. Yhasta Back in black suena atronador. Imagínense cuando hasta la épica pronuncia exagerada.