Diario de Valladolid

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SOBRAN LOS JUECES. Y las leyes. Sobran para los políticos y la masa popular que entienden que la democracia es un vehículo que debe transportarles hasta donde ellos deseen. Desde sus ideologías hasta sus venganzas: servicio puerta a puerta. Si eso es un Estado de Derecho comienzo ahora mismo la redacción de una querella contra quien fue mi profesor de Derecho Constitucional. Menudo fraude.

La diferencia entre un millón de seres humanos y una manifestación de un millón de personas es un millón de reflexiones. La emoción y lo sentimental, en el ámbito social, conduce a graves confusiones, sean voluntarias o no. Léase el comunicado último de ETA y sabrá el por qué de este razonamiento. La muchedumbre no es una suma de personas, es una montonera de sobreestimulaciones. Nadie dictó justicia desde la agitación; ser justo necesita serenidad y las revoluciones ya sabemos que suponen una permuta de dictadores.

Estamos tan acostumbrados a hablar de lo que no hemos visto, de lo que no conocemos, de lo que no hemos leído, que el pack de pedigrí democrático y buenrollista incluye un par de sentencias con el fallo en blanco para poner lo que queramos, solo porque nos salga de la punta de la ideología, de las frustraciones o de ambas cosas. Así que tras la sentencia sobre La Manada, todo el mundo es experto penalista, los magistrados son unos indeseables, y aunque el Gobierno manifiesta su profundísimo respeto a las decisiones judiciales, dice que hay que cambiar leyes porque, sin duda, cambiar a los jueces es más caro, y hay que cumplir objetivos de gasto.

Es domingo cuando escribo, y en mi rutina incluyo la lectura de periódicos y columnistas de diverso pelaje. Intento, no sé si lo consigo, que mi mente siga sana. Que no sea capturada por eso que llaman ideologías, un medicamento al parecer barato y que se adquiere sin necesidad de receta. Sirve para huir de la realidad, dice el prospecto. Leo, antes de escapar para el campo, a Fernando Aramburu. Palabra clara, no ajena a la ternura y la rabia, y a la vez libre. Escribe de lo que sabe, conoce y vio. Por eso le creo.

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