EDITORIAL

Ninguna medida frena la fuga de población al exterior

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DA IGUAL EL dato. Lo mismo da que se hable de emigración interior, aquella que se produce a otros territorios de España, o exterior, en la que se recogen los datos de los castellanos y leoneses en el extranjero, incluso allende los mares.

Las cifras en un ránking y en el otro, de dentro y de fuera, siempre dan el mismo resultado: Castilla y León se desangra ante una pérdida de población, en su mayoría joven, que resulta del todo punto insostenible.

Como ya se ha señalado en más de una ocasión desde estas mismas páginas, el de la despoblación es el principal problema de la Comunidad, sobre el que es necesario actuar desde ya con medidas eficaces, y por supuesto distintas a todas las que han venido desarrollando y que, como demuestran los números, han fracasado.

Es hora de actuar, de exigir al Gobierno cental y a la Unión Europea que dejen de mirar para otro lado y tomen medidas que vengan a paliar esta realidad que lastra el futuro de Castilla y León y de otros territorios.

Pero mientras esas medidas nacionales y europeas llegan, las administraciones castellanas y leonesas, y principalmente la Junta, debe poner encima de la mesa planes y decisiones políticas que vengan a frenar primero y acabar después con esta sangría.

Estrategias que exigen el acuerdo y el consenso de todos los grupos políticos y agentes sociales y económicos de la Comunidad. Llegados a este punto es necesario, obligado, abandonar los debates partidistas para ir de la mano en todo lo que tiene que ve en la lucha contra la despoblación. Medidas como ese plan industrial, consensuado y que fija apostar por la reindustrialización allí donde más se necesita, en el mundo rural, son sin ningún género de dudas una herramienta excepcional de lucha contra la pérdida de habitantes.

Eso sí, siempre que se ejecute bien y que lo que en él se plantea se lleve a buen término. No se conseguirá atraer población si ésta no ve unas oportunidades que principalmente llegarán a través del empleo. El problema de esta tierra es mayor que en otros territorios porque a la sangría poblacional en los pueblos, en el mundo rural, se le suma la pérdida en las principales capitales y ciudades de la Comunidad.

Lo que vienen a evidenciar los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre la emigración hacia el exterior es que el de la desplación en la Comunidad es un problema de fondo, que requiere actuaciones, planes y medidas también de fondo. Y es que si algo ha quedado claro en los últimos años es que ninguna de los planteamientos hasta ahora puestos en marcha han funcionado, ni están funcionando.