Alas y garras
UN hecho histórico carece de trascendencia si no se recuerda de inmediato al escuchar una palabra que atice el recuerdo. Entre los inmortales –recordados por su aportación benigna a la sociedad– hay un personaje que sigue siendo huésped de nuestra memoria. Un 14 de marzo de 1980, en un lugar de Alaska –en pleno Círculo Polar Ártico, en Shaktoolik, solar de esquimales junto al mar de Bering– fallecía en accidente de avioneta el burgalés más universal. Filmaba la gran carrera Iditarod –‘lugar lejano’–, en Anchorage. Millones de personas recordamos qué hacíamos y dónde nos encontrábamos cuando recibimos la triste noticia de la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente. Mencionar su nombre es volar sobre un mar de secuencias, sonidos, sintonías y el timbre de una voz que nos despierta una sonrisa fundida en melancolía. Varias generaciones pueden constatarlo.
Félix nació en Poza de la Sal. Burebano, hijo de Samuel y Marcelina. Por un capricho de la geología, compitiendo en la panorámica con el castillo roquero de su pueblo, allí se alza su efigie, sobre el vértice del diapiro. Y ahí sigue su rostro, elevado sobre una alfombra de salinas asombrosamente perfilado sobre la piedra. Toda una metáfora. La tierra lo esculpió de forma natural, millones de años antes de nacer el homenaje eterno que merece cincelado en el duro mineral de ofita.
Todo esto viene al caso porque tal vez nos sobren alas y nos falten garras para defender a nuestro paisano con mayor contundencia. A quien salvó al lobo y a las rapaces de la extinción y marcó el mapa de los espacios naturales que hoy protegemos. Pronto, en Robledo –un lugar de Sanabria acostado sobre la Sierra de la Culebra– se le rendirá un homenaje por parte de la Junta; o sea, todos nosotros. Pero nos queda mucho recorrido aún para colocar a Félix en su sitio: reafirmar Poza de la Sal como destino turístico de naturaleza; crear una cátedra con su nombre en los estudios ambientales; fijar fecha en el calendario cetrero nacional; sufragar, de un vez por todas, la participación de nuestros musher en la Iditarod; que los escolares tengan una lección sobre Félix, reglada y para todos; que se establezca el premio Félix Rodríguez de la Fuente con carácter internacional; que se cree un centro de documentación e investigación sobre su legado proyectado al presente; y un museo sobre su vida y obra en Burgos…entre otras muchas deudas pendientes.