La Carta de los Lagares
LAS CLAVES del pasado no están solo bajo las almenas, cimborrios y espadañas. Las llaves del conocimiento y las manos que mecen las cunas del común aguardan bajo el techo de molinos y chozos de pastor, y habitan en bancales y paredones, bajo el teito de las tenadas, en cortinos y corrales, en los viejos oficios, hoy relatos de museo. Me cuesta entender su consideración como construcciones secundarias de la arquitectura popular. Solo pensar que los de Cantalejo, que está en Segovia, crearon hace siglos una sólida industria del trillo, que parió briqueros, trazó una geografía propia, se inventó una jerga y alimentó al mundo con estos aperos de tracción animal que lograban algo tan difícil como separar el grano de la paja…
Todo esto viene a colación porque, este fin de semana, un grupo de expertos ha caído, milagrosamente, a la orilla del río Alagón, entre las sierras de Béjar y Mayor, en San Esteban de la Sierra, una población de la denominada Toscana Salmantina. Escenario Reserva de la Biosfera y Espacio Natural, está dentro del ámbito de una Denominación de Origen de vino de calidad. El caso es que se trataba de afianzar el estudio y el origen de unas curiosas estructuras pétreas excavadas en roca, que han servido como lagares de pisado y prensa de uva para la obtención de mosto y elaboración de vino. El origen de esta actividad se remonta, probablemente, a hace tres mil años. Estos lagares rupestres aparecen en zonas con un perfil geológico determinado, tanto en España como en Portugal.
Pues bien, este grupo ibérico de estudiosos –compuesto por antropólogos, arqueólogos, enólogos, historiadores, etnógrafos y biólogos– insiste en que debemos preservar los lagares por su valor arqueológico y como bienes de interés cultural, y potenciar su valor patrimonial en su aprovechamiento como recurso turístico. En San Esteban existe ya una Ruta de los Lagares Rupestres. Y solo en su término se conocen un centenar de ejemplos, a los que se suman otros en pueblos serranos próximos. El Foro Ibérico ha escrito en la Sierra de Francia los primeros renglones de la Carta Europea de los Lagares Rupestres, con el objeto de conseguir una declaración patrimonial a nivel europeo. Llegó el momento de que nuestras universidades y Patrimonio de la Junta muevan ficha para catalogar y proteger este impresionante legado.