Diario de Valladolid

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BRUSELAS vuelve a dirimir el futuro del carbón. De nuevo, lo poco que queda de vida en el defenestrado sector de la minería estás en manos de Europa, nunca ha dejado de hacerlo. Pues que se preparen las familias que aún tienen depositadas sus esperanzas de poder seguir viviendo de ese mineral, que se demuestra todavía necesario para el futuro energético del país y del que esta Comunidad va sobrada, porque no les quepa la menor duda que esa Unión Europea de los recortes y los ajustes le dará la puntilla y firmará su sentencia de muerte.

Claro que aquí en Castilla y León desde la Junta siguen queriendo hacer comulgar al sector con ruedas de molino. Ahora resulta que Europa, la misma que sentenció hace años al carbón a un cierre ya este año y que en todo este tiempo ha puesto sordina a cualquier idea que no pase por la clausura de las minas o la devolución de todas las ayudas recibidas, con la aquiescencia del Gobierno central, va a ejercer de buen samaritano y conceder subvenciones para mantener el carbón y las térmicas.

¿A quién quieren engañar? Ya está bien de jugar con las ilusiones y el futuro de miles de familias castellanas y leonesas, que aún siguen esperando esas inversiones alternativas prometidas por los gobiernos del PP y del PSOE para sus devastadas cuencas mineras. Europa no quiere al carbón. Pero no quiere al de aquí, al autóctono, al de Castilla y León. A la Unión Europea y a las grandes eléctricas como Enel-Endesa les gusta más el de importación. Ése que, pese a ser de peor calidad que el de aquí va a seguir quemándose y contaminando en las centrales térmicas que queden, ninguna aquí en Castilla y León, sin que nadie en esa Unión Europea de color verde se ponga roja.

Todo esto es una cuestión de voluntad, más bien de falta de voluntad. La misma que no existe entre los grupos de las Cortes autonómicas ni para reformar el Estatuto de Autonomía, ni para el desarrollo de la trascendental Ordenación del Territorio. Ni lo uno, ni lo otro están hoy en marcha porque si algo han demostrado estas Cortes tan plurales es la falta de voluntad de llegar a acuerdos cuando estos dependen de más de dos.

Bueno sí, cuando se trató de repartir asientos en la Mesa del Parlamento a razón de casi 90.000 euros al año el pacto llegó rodado, pese a las teatralizaciones de unos y otros. Lo dicho, es cuestión de voluntad, de falta de voluntad política.

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