EDITORIAL

Una PAC flexible es una PAC más realista para el sector

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ADECUAR EL MODELO que se quiere dentro de cada país para el campo. Eso es lo que acaba de poner encima de la mesa la Unión Europea con la nueva Política Agraria Común (PAC) a partir de 2020. Una nueva PAC menos común, con más responsabilidades para los estados miembros, que plantea límites obligatorios en los pagos directos, y más sostenible.

O dicho de otra manera, una Política Agraria Común en la que en permita a cada país de la UE fijar sus propios criterios para amoldarlos a su ritmo y circunstancias. Una flexibilización que se antoja oportuna porque los países y sus realidades para el sector primario no son homogéneas. Y baste el ejemplo de la lluvía y lo que provoca, que fija situaciones bien diferenciadas entre España y un país tan próximo como Francia.

No está mal la flexibilización porque va a permitir generar más posibilidades para tratar de ser más competitivos que siendo herméticos. Y es que una PAC más flexible es unaPAC más realista. Pero dicho esto, Europa está obligada a sentarse con los países miembros para afrontar la negociación que permita una PAC más plural, más flexibe y más realista, pero de consenso y de acuerdo.

Labor que, en el caso de España, el Gobierno deberá llevar a cabo con los ejecutivos autonómicos y con las organizaciones agrarias para fijar una pstura y una estrategia común.

El nuevo documento presentado en Bruselas fija la base de los debates que se llevarán a cabo en los próximos meses de forma paralela a los del marco financiero plurinacional, cuya propuesta se conocerá en mayo. Un elemento determinante ya que no hay que olvidar el recorte que se va producir en los fondos PAC por efecto del Brexit.

Lo primero que deberá establecer la nueva Política Agraria Común son los parámetros estratégicos básicos, de acuerdo a una serie de criterios sostenibles, aunque según el nuevo modelo de ejecución de la CE corresponde a los Estados elaborar un plan estratégico nacional de la PAC que contemple las intervenciones previstas en virtud del primer y segundo pilar.

«Se acentúa la subsidiariedad» a nivel de Estados miembros y las regiones, en palabras del comisario de Agricultura, que asegura que la propuesta supone un paso «importante» hacia la modernización y simplificación de la PAC. Será la Comisión, eso sí, la encargada de evaluar y aprobar los planes estratégicos nacionales y regionales. El objetivo de este control no puede ser otro que el de armonizar la contribución de la PAC a las prioridades y los objetivos de la UE. Pero siempre sin dejar de lado a los Estados. Y de no de hacerlo, la PAC fracasará.