Camuflar la verdad
DICE EL Observatorio Social de La Caixa que las empresas españolas gastan en investigación y desarrollo (I+D) la mitad que la media europea, una falta de inversión que, unida a los recortes presupuestarios de los últimos años, está llevando a España a una posición vulnerable en la economía mundial.
La Junta de Castilla y León ocultaba el pasado 26 de octubre su patente fracaso en I+D. La mezcla de desidia y apatía que envuelve ya a buena parte del Gobierno de Herrera, presidente incluido, se ve reflejado en su intento de camuflar el evidente incumplimiento de los indicadores más importantes que marcan el desarrollo de una economía innovadora. Son los deberes que ellos mismos se pusieron en abril de 2014 y que han descuidado seguramente porque la mayoría ni se los creía. La nota publicada tras el Consejo de Gobierno para dar cuenta de los dos primeros años de la estrategia ocultaba que el gasto en investigación sigue en niveles de 2013, camuflaba que parte del presupuesto no se ejecutaba, enmascaraba que la inversión en innovación retrocedía y que el estancamiento es la nota dominante. Todos los consejeros y Herrera dieron validez a este intento de engaño en lo que el propio presidente consideraba hace años una política imprescindible para «lograr una sociedad basada en el conocimiento, más justa, sostenible, cohesionada y equilibrada territorialmente».
El informe de La Caixa constata la brecha que existe entre la alta valoración que tienen los ciudadanos sobre la I+D y la escasa preocupación de empresas y gobiernos. «Debería suscitar una cierta preocupación que tanto empresas como gobiernos tengan un comportamiento alejado de las expectativas del sector más dinámico de la sociedad española, representada por los jóvenes y la población con niveles educativos más altos», añade.
El Gobierno de Herrera se acerca peligrosamente a la apatía cuando queda año y media de legislatura. Aprueba planes y más planes; es experto en difusión propagandística, pero pocas veces analiza con transparencia sus resultados cuando su inacción se convierte en fracaso. Los consejeros ya se dividen entre los que no repetirán porque no cuentan con el favor del sucesor de Herrera; los que aun no siendo de la cuerda de Mañueco hacen un último intento por aproximarse al candidato y una minoría hábil que logró jugar a dos bandas. La economía no puede permitirse ni la apatía ni la desidia, ni estos tiempos muertos donde se relaja la ilusión por avanzar y mejorar la vida de la personas. Sobre todo, cuando la recuperación exige nuevos impulsos y decir a la gente la verdad de lo que pasa aunque esa verdad contradiga intereses cortoplacistas.