Diario de Valladolid

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HAN sido jornadas de dimisiones en el seno del Partido Popular de Valladolid y de Castilla y León. El caso de las confort letter del Ayuntamiento de la capital vallisoletana se ha llevado por delante el asiento de concejal de Alfredo Blanco y quien sabe si su carrera política. Pero sin duda, la renuncia más sonada es la de una reincidente, también en lo de dimitir, Rosa Valdeón que parece claro no aprendió de su grave error del pasado.

No se trata de hacer leña del árbol caído, pero uno no alcanza a entender cómo es posible que una persona con el grado de responsabilidad que siempre ha demostrado la ya ex vicepresidenta, ex consejera y ahora ex procuradora sea capaz de sentarse al volante habiendo consumido alcohol en ingentes cantidades. Triplicar la tasa de alcoholemia es mucho más que un par de cervezas.

Al menos esta vez se ha ahorrado las explicaciones y el tener que escuchar, vaya usted a saber, qué otra excusa de pulguitas y demás. Mejor para todos, pero sobre todo mejor para ella.

Quienes sí van a tener que explicarse y bien sobre los avales firmados a los bancos por la deuda del fallido soterramiento de Valladolid serán el ex alcalde Francisco Javier León de la Riva y quienes fueron dos de sus concejales más importantes durante sus mandatos, el ex edil Manuel Sánchez y el recientemente dimitido Alfredo Blanco.

El regidor vallisoletano Óscar Puente no se cansa de lamentar y de asegurar que él no quería, pero que no le quedó otra que llevar ante la Justicia el caso de las confort letter. Una afirmación que será verdad pero que, de tanto repertirla, suena a excusa poco creíble. Entre otras cosas porque sino hubiera querido que el caso llegara a los tribunales no lo habría hecho. Al fin y al cabo, la realidad es que los bienes del Ayuntamiento, esos por los que Puente está obligado a velar, quedaron salvaguardados desde el momento en que el Pleno dio por nulos esos avales. Y si por conciencia o por obligación, que cualquiera de los dos condicionantes resulta del todo válido, su responsabilidad era denunciarlo como lo ha hecho, a qué viene el excusarse tantas veces.

Llegados a este punto, y por más que lo lamente Óscar Puente, será la justicia quien determine el porqué de esos avales y el porqué y cómo se rubricaron. Desde luego, el juicio para los tres encausados va a ser cualquier cosa menos confortable.

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