Diario de Valladolid

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CASI todas las injusticias cometidas contra las personas tienen cerca uno, varios o muchos cómplices. Su silencio o incluso su colaboración más o menos explícita contribuyen en demasiadas ocasiones a provocar cierta impunidad. La Fiscal Especial para la Violencia de Género y el Jefe Superior de Policía de Castilla y León han coincidido esta semana en Valladolid y en Soria en advertir de que el silencio está siendo «cómplice» de la creciente violencia contra las mujeres.

La complicidad ante muchos desmanes actúa casi siempre como un cerco que prolonga la injusticia. De eso se valen los delincuentes, los desalmados sin escrúpulos y los políticos que van a lo suyo para atentar contra los derechos más básicos. Un silencio cómplice provoca, querido lector, injusticias en tu trabajo cuando tus jefes ignoran tus derechos; cuando otros te fuerzan de forma prolongada a inscribirte en las listas del paro; cuando te pagan en negro; cuando te obligan a hacer horas extras gratis; cuando te echan de la vivienda; cuando te prolongan la cita para operarte; cuando careces de medios para llevar a tu hijo a la universidad… o cuando te expulsan de la Comunidad por falta de oportunidades.

El deterioro del agrio conflicto de Cataluña ha tenido cómplices necesarios de todos los lados -con mayor o menor responsabilidad- para que el independentismo haya crecido y no haya imperado la sensatez y el diálogo.

Ese silencio cómplice del que acertadamente hablan la fiscal y el jefe de Policía en la violencia machista actúa contra las víctimas en el caso de los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo, los médicos, los sicólogos… que conocen y no denuncian. No siempre es posible o fácil; a veces hasta se puede provocar un mal mayor. «Estamos perdiendo [así] una fuente muy importante de información», dice la fiscal.

Denunciar «es un acto de valentía», según el jefe superior de Policía. Y es verdad; de mucha valentía y coraje. Te imaginas, estimado lector, cuántos delitos e injusticias podríamos impedir si acabáramos con esa lacra del silencio y esa pasividad individualista que permiten y favorecen la injusticia social.

«Es importante que la sociedad no se calle» ante esa lacra de la violencia de género. Lo comparto y me atrevo a añadir, a lo que dice el jefe de la Policía, que es importante romper el silencio individual y social, y avanzar hacia una sociedad más cómplice con las víctimas; con todas las víctimas de todas las grandes injusticias. Ojalá avancemos hacia una sociedad más articulada que viva con orgullo su implicación como individuos y como colectividad. Como decía Ernesto Sábato, «si nos cruzamos de brazos, seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa».

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