Paraíso oculto
SEGURAMENTE el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera habría sido más convincente este miércoles si en su discurso del estado de la región hubiera descrito las debilidades de una Castilla y León que, como bien dijo el socialista Luis Tudanca, va a menos y está lejos de recuperar la situación anterior a la crisis. Sólo habría sido necesario admitir la brutal e inigualable caída de la población, la pérdida de peso de su PIB, el creciente recorte de los salarios, la mayor precariedad laboral y los cada vez mayores desequilibrios económicos, sociales y sanitarios entre personas de unas provincias y otras. Habría sumado todo esto a ese autocomplaciente diagnóstico parcial, que no irreal, y que añade evidentes fortalezas en educación y servicios sociales que sobresalen en comparación con otras comunidades.
Seguramente habría sido más convincente si, además de su inteligencia en adelantarse a la oposición al sacar los casos de presunta corrupción que, supuestamente le avergüenzan, hubiera admitido que algunos de sus exaltos cargos pensaban más en sus bolsillos y en su futuro personal inmediato que en la gente que peor lo estaba pasando. Seguramente habría sido más convincente si, además de admitir que estos hechos causan una justificada alarma social y política, se hubiera comprometido a dejar el cargo si los jueces confirman los escándalos que, según los fiscales, sucedían en su administración.
Seguramente habría sido más convincente si hubiera reaccionado con más humildad ante las acusaciones, a veces desmedidas, del líder del PSOE y del jefe de Podemos. Defenderse con actuaciones muy anteriores –graves en el caso del parlamentario dimitido de Podemos y menores en el de Tudanca– de los dos adversarios que más le atacaban, le fortalece ante los suyos pero aportan poco al conjunto de la sociedad.
Seguramente Herrera habría sido más convincente si se le hubiera visto con más ilusión para abordar, en los dos años (¿?) que aún le quedan, un giro a esta Comunidad que él casi describió como un paraíso. Seguramente habría sido más convincente si hubiera reconocido que la evidente recuperación llega de forma desigual a las personas; si hubiera admitido que casi la mitad de los nuevos contratos de trabajo, la mayoría de jóvenes, son indecentes porque duran menos de un mes… si hubiera admitido con más convicción las crecientes desigualdades.
Castilla y León es un paraíso natural. Se puede presumir de vivir en esta tierra. Pero haría bien Herrera en echarle más pasión y arrojo a los próximos 24 meses para que ese paraíso oculto que describió avance por lo menos hacia la eliminación de los desequilibrios personales y territoriales.