Sequía raudal
UNA vez aliviados del panameño Moix, que envileció anticorrupción con el engrudo del paraíso fiscal, podría tomarse como oxímoron esta Sequía raudal de mi pesquisa de hoy. Por la crujiente contradicción entre ambos términos. Pero aquí no hay embozo ni trampa, si alzamos la vista desde los veneros de la cordillera reventados por los túneles hasta la extrema sequía de la tierra llana. Con ese giro, el estupor de estos días de secano, en que los agricultores demandan auxilios para sus pérdidas, se agiganta con el derroche de la Tercia, cuyas fuentes arrojan torbellinos de agua sobre la vertiente asturiana. Un trasvase clandestino de la España seca a la húmeda. Que no quiere ver su guardesa, la Confederación del Duero.
Unos andurriales despoblados donde se recuerda cómo empezó todo, en marzo hizo trece años, y de qué manera insensata fue empeorando la situación, a la vez que se echaban más millones a la morterada de los túneles. Sin tiento, ni cautela, ni estudios de impacto ambiental, ni dios que lo fundó. ¡Fuego a la pota! Aquel primer ceremonial lo protagonizaron los asturianos Cascos y Rato, de infame memoria. El ingeniero y el pillastre suponían que después de taladrar Guadarrama sin mayores averías, Pajares iba a ser lo mismo. Por si acaso, fijaron la inclinación de los túneles hacia Asturias, a fin de aprovechar lo que cayera. Sin estudios previos ni contemplaciones. No se miró a los Alpes, y tampoco se paró la obra cuando surgieron los primeros problemas, para tratar de buscar un remedio, porque las contratas prefirieron inflar presupuestos y engordar sin escrúpulos las facturas endosadas a Adif.
El único criterio rector de las obras pasó a ser la urgencia, ya con los ministrillos de Zapatero al frente. Magdalena imputada, y Pepiño con el baldón de Angrois amenazante. Estos pájaros, más Cascos y Rato, fueron los conductores de un proceso abocado a la sanción de los tribunales europeos, mientras el ministro de la Serna confirma en el parlamento la apertura de un expediente para esclarecer sobornos en las obras de Pajares. Todavía sin conclusiones, que no hay prisa.