El perdón del presidente
UN SABOR agridulce me dejó este miércoles el presidente de Castilla y León cuando pidió perdón por la trama eólica en las Cortes regionales. Seguramente porque en esa petición de perdón que reiteró varias veces apenas vi un acto formal, más fruto de un clamor social contra la corrupción que de una autocrítica profunda; porque eché en falta que aclarara qué falló en la administración que preside para que se desarrollara esa trama de enriquecimiento personal con las autorizaciones de parques; porque en ese perdón cuasi religioso faltó ese sacramental examen de conciencia que exige al confesado el propósito de la enmienda que implica decir cuándo, cómo y hasta dónde hubo una investigación interna, y qué medidas ha puesto para cercar a los desalmados en un dudoso procedimiento «legal».
Claro que valoro que un presidente pida perdón a los ciudadanos por haber nombrado a altos cargos acusados de prevaricación por el fiscal Anticorrupción. Pero se me queda corto cuando leo la querella de esa Fiscalía. Seguramente Herrera no mintió en el Parlamento, pero este miércoles salí de las Cortes con la convicción de que no contó todo lo que sabía de esos altos cargos investigados en la contundente querella que instruye el Juzgado.
Pretender que esos actos delictivos de cobro millonario de comisiones en torno a las autorizaciones de parques, de chantajes para favorecer a un grupo de empresas de amigos y de interrelación ilegal entre administración y negocios privados es corrupción entre particulares y personas, y no institucional o administrativa, es un acto de autodefensa difícil de sostener cuando todo se desarrollaba en torno a una Consejería de la Junta.
Es el fiscal –también la Intervención del Estado– el que dice que fue ilegal que el viceconsejero y principal acusado de la trama asumiera la potestad de autorizar los parques eólicos y el que sostiene que eso permitió a Delgado «manipular» y «controlar» las decisiones en favor de unos pocos. Herrera rechaza esto y prefiere mirar para otro lado cuando Anticorrupción basa en esa «avocación» su acusación de prevaricación.
Por eso, me supo a poco y me dejó un sabor agridulce el perdón de Herrera en su primera comparecencia en el Parlamento autonómico por un presunto caso de corrupción en sus dieciséis años de gobierno. Siempre me quedará la duda de por qué un tipo a veces tan valiente no ha querido ir al fondo de la trama.