Justo reconocimiento de Castilla y León a los emigrantes
LOS EMIGRANTES de Castilla y León fueron ayer los protagonistas del acto conmemorativo del aniversario del Estatuto de Autonomía, celebrado en la sede del Legislativo, en el que recibieron la Medala de Oro de las Cortes, la más alta distinción que entregan los representantes de los ciudadanos castellanos y leoneses.
Una acertada elección por parte de la Mesa de la Cámara, un «reconocimiento de amor correspondido», en palabras de uno de los homenajeados. Del amor que sienten por Castilla y León quienes tuvieron que emigrar y el amor que la Comunidad demuestra por aquellos que se vieron obligados a abandonar su tierra.
Fue una excelente explicación del acto que ayer reunió en la sede de las Cortes a más de 200 asistentes, entre representantes institucionales, políticos, económicos y de la sociedad civil. Quien las expresó fue el portavoz de los emigrantes en Cuba, Sergio Rabanillo, descendiente de un sanabrés que marchó a la isla caribeña hace 102 años y que pudo regresar a Zamora cuando contaba con 96 años.
Junto con Rabanillo, recibieron la Medalla de Oro del Parlamento regional María del Mar Díaz, en representación de los emigrados a México, y el presidente de la Federación de Sociedades Castellanas y Leonesas en Argentina, Pedro Bello, que abandonó el municipio berciano de Trabadelo en 1957. Este leonés con el «corazón dividido» destacó el «fuerte sentimiento de identidad» que mantienen con Castilla y León, tanto los que en su día emigraron, como sus hijos y nietos, a los que se hace partícipes de la realidad de esta Comunidad «para que no pierdan sus raíces».
Los tres galardonados con la Medalla de Oro representaban a todo el extenso colectivo de castellanos y leoneses que en su día abandonaron su tierra por razones económicas o políticas. Se calcula que entre 1880 y 1960 fueron 350.000 los habitantes de la región que marcharon a países del continente americano, cuya procedencia era fundamentalmente León, Zamora y Salamanca, aunque también sarieron de Burgos o Soria. Casi dos terceras partes de ellos, se fijaron como destino Argentina y cerca del 25% se instalaron en Cuba y México.
A base de esfuerzo, ilusión y trabajo, estos castellanos y leoneses construyeron su futuro lejos de su tierra y contribuyeron a levantar los países que les abrieron sus puertas. Pero también, muchos de ellos han contribuido más tarde, en la medida de sus posibilidades, a enriquecer la Comunidad, tanto en el aspecto económico como en el cultural o el social.
Por eso, nada más justo que rendirles homenaje y abrirles también las puertas para que quien quiera regresar a su tierra encuentre facilidades para hacerlo y pueda integrarse en la sociedad como un ciudadano más de Castilla y León.