Diario de Valladolid

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CESARRRR… Desde la redacción del periódico, vía whatsapp, me recuerdan que les tengo que mandar estas líneas, y que dado que es domingo y los políticos no dan ruedas de prensa ni inauguran los primeros cinco kilómetros de una autovía cuya construcción finalizará dentro de doce años, pues que cuanto antes mejor que mejor.

La multiplicación de la erre en la que termina mi nombre añade al mero vocablo la intención o el estado de ánimo de quien me manda el recado, por otra parte una excelente periodista y persona. Normalmente, al texto le acompaña alguna cara o emoticono, que intenta suplir lo que el tono de voz de un interlocutor telefónico aportaría sin otro requisito que escucharlo, o lo que se mostraría en el rostro de quien nos acompañara si la charla fuera en persona.

Para las urgencias, para un recordatorio rápido y concreto, para… Más allá de eso, de la necesidad de una comunicación escrita, cuando es la única o mejor posibilidad, los servicios de mensajería instantánea bilateral que utilizamos a través de las terminales de los móviles le están amputando una parte esencial a la comunicación entre las personas. La riqueza de una conversación, telefónica o presencial, nunca será alcanzada por mucho que llenemos la casilla del whatsapp con caras, dibujos y demás mandangas…

En realidad, cuanto más sofisticado es el servicio de mensajería, más se da pie a la impostura y la fanfarria, y menos espacio queda para la sensatez y la autenticidad. Ya no es que la mayoría del personal escriba de pena o desconozca el significado de muchas palabras, es que ni siquiera pone el mínimo interés en construir alguna frase con cierto sentido. Por no hablar del corrector, que aporta palabras de ortografía impecable… tanto como la falta de sentido en el contexto de lo que se quiere expresar.

Cierto que las redes sociales son un muladar espléndido para quienes hacen del odio y el ocio su lema vital, pero no es menos cierto que las comunicaciones particulares tras desenfundar el móvil han rebajado la calidad y la riqueza del contenido de lo que antes eran gozosas conversaciones.

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