Diario de Valladolid

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LOS SOCIALISTAS vuelven a las andadas. Es lo que tiene el no ver más allá del propio interés o importarles tanto y menos hacia dónde están llevando al partido y qué piensan los militantes.

La fotografía de este sábado de Susana Díaz rodeada de algunos de los barones provinciales de Castilla y León, diputados y el ex Julio Villarrubia es la demostración más palpable del ‘todo vale’ en el que se mueve la política española.

Ver en la misma imagen, juntos y revueltos, a los Tino Rodríguez, Julio Villarrubia, Miriam Andrés, Juan Luis Gordo, Pedro Muñoz o AntonioPlaza, que se sabe con certeza son enemigos irreconciliables y cuyos postulados no coinciden en nada o en casi nada, es el ejemplo de que a estos del PSOE no les importan ya ni siquiera sus propios principios. Aquellos que defendieron con vehemencia, unos cuando dieron el ‘golpe de estado’ con el que liquidaron a toda una ejecutiva porque, según sus principios de entonces, se había desviado de los postulados del partido. Y el otro, el liquidado Villarrubia, para cargar con dureza contra aquellos con los que ahora se pasea por la madrileña calle Ferraz, de la mano de Susana Díaz.

A estos socialistas, que como el leonés Tino Rodríguez no son más que advenedizos, cuando no ‘paracas’, de la política y pisamoquetas de tres al cuarto, sólo les interesa estar bien colocados para poder seguir teniendo la suela de sus zapatos sin una mota del polvo de esa calle que sólo pisan, y poco porque ellos son más de twitter y facebook, durante las campañas electorales.

La imagen rodeando a Susana Díaz cual figura salvadora de un partido que sigue sin rumbo y a la deriva es el ejemplo de que nada importan las ideas. Los socialistas seguirán vagando sin rumbo y sin dirección mientras cotinúen anteponiendo sus intereses personales, los particulares de estos dirigentes veletas que viven de la traición, a ese debate de ideas que siguen sin hacer porque muchos de ellos ni las tienen.

Políticos que, como Tino Rodríguez, sobreviven gracias a la traición. Antes a Villarrubia, después a Tudanca y ahora a Pedro Sánchez, de quien en su día quiso ser su más firme valedor y defensor y que ahora le niega más veces que San Pedro a Jesucristo, y a ese gran –ya saben sólo por la estatura– Óscar López, que le encumbró donde hoy está y del que también reniega.

Algún día se encontrarán con su Escipión y les dirá aquello de ‘Roma no paga traidores’.

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