La despoblación un asunto de todos y de Estado
El gobierno de Castilla yLeón avanzó ayer a la vicepresidenta del Gobierno de España que la preocupante despoblación que sufre nuestra Comunidad es un asunto de todos e incluso un asunto de Estado. Por cuanto contribuye a agravar los desequilibrios de la regiones menos favorecidas y por tanto más necesitadas. Más necesitadas de gente, tanto por su extensión, como por la dispersión de sus núcleos poblacionales. Será un asunto que se trate en la próxima conferencia de presidentes autonómicos. Pero en el que deben ir de la mano las comunidades afectadas. Y cuyas soluciones pasan por un frente común desde la administración central que cuente con la generosidad y solidaridad de la comunidades más ricas y, por tanto, más pobladas.
Directamente ligado con esta crucial asunto para el futuro de Castilla y León, el Gobierno de Rajoy parece tener claro que la Dependencia debe formar parte del nuevo modelo de financiación que de una vez por todas dé estabilidad a todas las comunidades autónomas. Y el de la despoblación y el envejecimiento de los territorios es uno de los factores que tiene que jugar en un reparto de la financiación que contribuya al equilibrio fundamentalmente social de España.
En la misma línea está el plan para paliar la desaparición de la minería, y con ella una forma de vida de comarcas y miles de habitantes de Castilla y León durante un siglo. Nadie puede reponerse de la desaparición, de la noche a la mañana, de una industria tan potente, y también tan subvencionada a lo largo de décadas. Una industria que, por otra parte, simbolizó en otros tiempos energéticos la solidaridad de eso territorios que hoy sufren su desaparición por la presencia de carbones más baratos llegados de otros países y otras energías más limpias y menos contaminantes que los combustibles fósiles.
La desaparición de esa industria carbonera es sin duda uno de los zarpazos más duros que sufre la pirámide poblacional de Castilla y León. Y sus consecuencias económicas más inmediatas empezarán a verse latir no sólo en las cuencas que lo padecen, sino también en el conjunto de la Comunidad. El Bierzo y el noroeste leonés y palentino están abocados a ser territorios fantasma si desde las instituciones que gobiernan esta Comunidad y este país no se encuentran, no ya milagros, si no alternativas reales.
Todos estos desequilibrios acaban conduciendo a tensiones territoriales que, en los momentos actuales, no favorecen en nada a la crisis política desatada en algunas zonas de España por la locura secesionista de unos cuantos. Ese riesgo no se corre en Castilla y León, pero sí el riesgo de la desafección y el desamparo. Lo que afecta a España afecta a Castilla y León. Pero lo que afecta a Castilla y León también afecta al conjunto de la Nación.