Diario de Valladolid

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AUNQUE el parsimonioso Rajoy se haya tomado el puente de los Santos para demorar el anuncio de su gobierno, y los gestores socialistas anticipen ya que su congreso mejor para la primavera, la sensación generalizada es que ya les va bien de sesteo. Si en el caso de Rajoy, su mayor mérito ha sido siempre el aguante para esperar, haciendo perder la tranquilidad a quienes le rodean, en la órbita socialista no está claro que de estos tumbos vaya a salir un rumbo cierto de prosperidad.

Porque tampoco sus guías parecen los más avispados. Ni el asturiano Fernández, que arrastra el turbio legado del minero Fernández Villa, ni el baturro Lambán, ni Jiménez, que aporta el pringue de los Eres, ni los desvaídos manchegos, ni la pirotecnia levantina, ni la bellotería extremeña. Tantos y tan iguales, a pesar de su variada procedencia. Pero lo que toca ya no es fiarse de los anuncios, siempre aplazados para después, sino pechar con los descuidos, porque el colectivo político acumula más de trescientos días de recreo, dedicados a sus trajines, y sin poner un dedo en la urgente gobernación del país.

Los días de difuntos, que antes dedicábamos al Tenorio de Zorrilla, ahora los echamos al cesto de las conjeturas marianas, obligado por fin a anunciar su gobierno para el nuevo período de andadura parlamentaria. Si la tarea más urgente sigue siendo apañar unos presupuestos con mordida, ni siquiera el parsimonioso Rajoy puede olvidar el tirón de asuntos inminentes, como la financiación autonómica, la reposición de la hucha de las pensiones o el arreglo del desbarajuste territorial. Operaciones todas ellas en las que ya no va contar con la guía de la Unión Europea y que desnudan, desde diferentes ámbitos competenciales, la prédica de su buena gestión económica de la crisis que le endosó Zapatero.

Porque ya no cuela el truco argumental de que repitiendo algo sin fundamento, esto se acaba instalando como relato incontestable. Zapatero y sus Pajines nos aliviaron de su pesadilla en 2011, estamos a fines de 2016 y todavía el país no recuperó el nivel de riqueza de 2008, cuando el huracán de la crisis alertó a todos menos al infante leonés.

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