Dignidad y escobas
LAS DIVERSAS formas de enfrentarse a la solución de problemas graves, de crisis profundas o al final de devastadoras historias de violencia ofrecen, con bastante precisión, un retrato sobre el sentido de la dignidad y el empaque del político que lidera tal aventura. No es una empresa fácil cerrar la cremallera de enormes heridas en las que voluntades, proyectos o vidas dijeron adiós bajo estrategias ilegales e ilegítimas.
En el plano de combate político aparece el PSOE y su hecatombe directiva, sus sectores, zonas privadas y vips, su propio senado, su fragmentación territorial y su ambigua identidad, forzada a definirse y a la vez temerosa de hacerlo ante la presión de Podemos. En Castilla y León se reproduce, a pequeña escala, con menor intensidad en el sismógrafo por la escasa relevancia de los políticos del territorio CyL, el panorama general de un partido en el que se han dado cita, al unísono, los miedos e intereses egoístas que causan la mayoría de las catástrofes humanas.
Mientras tanto, la búsqueda de la paz en Colombia hace aflorar las prisas de algunos políticos por pasar a la historia como los protagonistas de un acuerdo histórico. Ajenos en su ámbito directo al verdadero y cruel dolor de las víctimas, los hay que no reparan en gastos para dar la bienvenida a quienes asesinaron durante décadas a sus anchas como si nada hubiera pasado.
La paz exige el perdón, el arrepentimiento y, en la medida de lo posible, la reparación del daño causado. Aunque ya estamos al cabo de la calle sobre por qué se conceden algunos premios Nobel, el otorgado a Santos desprende un inequívoco tufillo de precipitada oportunidad, contradicha, por otra parte, por el propio pueblo colombiano, las personas masacradas por los terroristas de las FARC.
Los partidos, y sus ideologías, aparecen en la actual democracia como un fin en sí mismo, mientras que su carácter instrumental, e incluso temporal, quedan enmascarados ante la glorificación de siglas y líderes. Y entonces, inevitablemente, la dignidad queda arrinconada en el cuarto de las escobas.