Diario de Valladolid

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EN política, en estos últimos tiempos, si alguien ha hablado claro, incluso contra los suyos, sobre todo contra los suyos, esa ha sido Rosa Valdeón. La ya ex número dos del Gobierno de Juan Vicente Herrera tenía siempre afilada la pluma y la lengua para expresar públicamente lo que le parecía bien o mal de la actuación de un político, fuera o no de su partido; del Gobierno, fuera o no el suyo; o de cualquier dirigente, de aquí o de allá. Ella, Rosa Valdeón, decía lo que no le gustaba y señalaba con el dedo a quien no le gustaba. Y eso es lo que le ganó amigos, muchos de ellos fuera de su partido; y enemigos, la gran mayoría entre los suyos de Zamora. Valdeón se convirtió en eso que gusta tanto, una política valiente. Porque decía las cosas por lo derecho y actuaba con coherencia.

Por eso, ahora sorprende que no se aplique su misma contundencia. El «error» o «imprudencia» de conducir un vehículo casi triplicando la tasa de alcoholemia permitida es extremadamente grave como para que la ya ex vicepresidenta deje de pensárselo, de insistir en que es algo que ha sucedido en el ámbito de su vida privada y de escudarse en si Herrera le da o no su apoyo, que ese lo tiene garantizado haga lo que haga, y presente también su renuncia irrevocable como procuradora en las Cortes. Entre otras cosas porque no tiene ningún sentido que aplique su propia coherencia para dimitir de todos sus cargos en la Junta y no para su escaño en el Parlamento autonómico.

De no hacerlo y empeñarse en mantener su sillón en las Cortes autonómicas entonces sí verá manchada su intachable carrera política. Y no por el injustificable, condenable y grave error de conducir con una tasa de alcohol tres veces por encima de la permitida, sino por convertirse en una política más, de esas que se aferra al puesto. Como ella dice, con la verdad se va a todas partes. Pero la verdad, también, tiene solo un camino. Y el suyo, el de Valdeón, una sola dirección, la de irse de la vida política... por coherencia.

Una coherencia de la que otros se apoderan para su propio interés. Tiene narices que los mismos que tardaron meses en expulsar a Jesús Presencio, quien también condujo triplicando la tasa de alcohol, de Ciudadanos y como portavoz en el Ayuntamiento de Valladolid, escudándose en «los tiempos del partido», quieran ahora apuntarse la salida de Valdeón como algo consustancial a su existencia. Señor Fuentes, señores de Ciudadanos, dejen ya de mirarse solo a su ombligo.

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