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EL ESTRÉS es la tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves. La Autoridad Bancaria Europea nos cuenta ahora que la mayoría de las grandes entidades financieras no padecen de estrés, aunque pronostica una nueva oleada de pérdidas en una situación de recesión.

La Bolsa no ha confiado demasiado en estos informes y la cotización de los bancos ha caído en picado. La antigua Caja España-Duero, hoy convertida en banco, recibió en su día fondos públicos millonarios porque estaba «estresada» y no preparada para una situación futura de crisis. Otras macroentidades de la Comunidad se refugiaron en cajas grandes que recibieron recursos del Estado.

El estrés de los bancos no es comparable con el sufrido por cientos de miles de clientes por culpa de los bancos. Desahucios, pérdidas por las preferentes, desmedidas cláusulas suelo, imposición de elevadas comisiones, tipos de interés abusivos por descubiertos… y un etcétera largo de situaciones de indefensión que ha hecho de este sector uno de los que más estrés ha provocado en la población.

Y la historia de la relación con los bancos no ha terminado. Habrá más pronto que tarde una nueva reconversión financiera. Con más cierres de oficinas, más recortes de empleo y seguramente más fusiones. A la deficiente gestión pasada, con responsabilidades múltiples, se suma ahora la incertidumbre sobre la rentabilidad de este negocio en una coyuntura con tipos de interés negativos, con un descrédito sin precedentes de los clientes y con una multitud de oficinas que compiten entre sí. Mientras tanto el crédito a las empresas no despega; ni en Castilla y León ni en España ni en el continente. En EEUU crece al 10% anual y en Europa, al 1%.

La crisis, de cuyos efectos son en parte responsables los ejecutivos y las autoridades financieras, ha dejado diezmadas a demasiadas familias y a cientos de miles de pequeñas empresas. Dicen que el negocio futuro de los bancos está en internet. Pero al menos en esta comunidad envejecida la gente quiere ir a las oficinas y la saturación de algunas genera un estrés insufrible en los menguados empleados.

Alguien tendrá que tomar decisiones de calado para recuperar el crédito perdido. El reguero de víctimas del sector no es pequeño. En una comunidad con tantos mayores, tanta dispersión y un elevado analfabetismo digital la amenaza de más exclusión social es una realidad que exige decisiones valientes.