Vaya por dios
JESUSITO de mi vida, tú eres niño como yo; por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. Que no se alarmen agnósticos, ateos o liberales partidarios de apartar cualquier religión de los espacios públicos; no pienso utilizar esta columna para animar al rezo católico. Hace más de 20 años una profesora a punto de jubilarse de un colegio público de Soria me replicaba que enseñar esta oración a mi hijo sólo podía reportarle parabienes. Me quedé perplejo y pensé si era yo el equivocado al pretender apartar cualquier tipo de proselitismo religioso de la educación pública del niño. La bienintencionada maestra intentó convencerme y yo no hice nada aquel día por ganarme su cielo.
Me entero por Podemos que Fernando Rey quiere crear departamentos de Religión en los centros de Secundaria de Castilla y León. El muy progresista consejero de Educación no sólo no recorta el negocio sin riesgo de los centros concertados vinculados accionarialmente a la Iglesia católica sino que quiere dar más poder a esta institución religiosa a la que el Papa Francisco trata a duras penas de enderezar.
Si sale adelante la Orden que pretende dictar el consejero, podríamos ver el próximo curso a jefes de departamento nombrados por los obispos defender sus posiciones en los centros públicos educativos de la Comunidad. Me pongo en el lugar del consejero e imagino argumentos similares a los de la maestra de Soria para avalar esta medida tan pionera y pretendidamente innovadora. ¿O quizás añada el argumento de la creación de empleo?
Desconozco las auténticas intenciones de quien intenta introducir elementos perturbadores en un sistema educativo que hace aguas por casi todos los lados. Hay tantos frentes abiertos para mejorar la calidad de la enseñanza, que ignoro a quién debe favores Fernando Rey para incorporar departamentos de catequesis en los centros públicos de la Comunidad.
Podría alegar en contra de esta anacrónica medida argumentos de agravios comparativos con aspirantes a profesores de instituto. O incluso la discriminación con otras religiones. Me basta con apuntar que habrá un día en que el Estado se desprenda de hipotecas religiosas, contribuya a respetar la libertad de conciencia y asuma que la educación obligatoria y gratuita es algo demasiado importante para dejarlo en manos privadas y menos de instituciones que no se han destacado por primar la libertad de las personas. Estoy seguro de que, si dios existe, agradecería la retirada de todos estos privilegios. ¡Vaya por dios!