Diario de Valladolid

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QUE LAS DIPUTACIONES son instituciones imprescindibles en el desarrollo, la protección y y el amparo del gran universo rural que es gran parte de España, como es el caso de Castilla y León, es una realidad incontestable. Que en el caso de nuestra Comunidad son entidades saneadas, ágiles y transparentes, hace tiempo que los análisis de organismo independientes lo avalan con contundencia, sonrojando a otras muchas administraciones, al igual que desnudando el discurso populista y oportunista de quienes repentinamente han vislubrado en la desaparición de los entes provinciales gran parte de las soluciones políticas de nuestro país. Pero que las diputaciones son entidades que también deben estar sometidas a cambios y modernizaciones acordes a nuevas exigencias ciudadanas y políticas es algo también incuestionable.

La participación de los objetos de su acción política, los ayuntamientos, junto con la elección directa de los diputados son sin duda dos de esos cambios necesarios.

La de Valladolid, pionera en imprimir cambios que han seguido otras diputaciones, prepara ya un reglamento para que los ayuntamientos, a través de sus alcaldes, puedan participar en las sesiones plenarias en aquellos asuntos que les conciernen. Un acierto aperturista que dará participación a los entes locales y acercará las diputaciones a los administrados, escuchando sus problemas directamente de la voz de sus representantes más cercanos.

Valladolid, con su presidente a la cabeza, el popular Jesús Julio Carnero, una vez más, se muestra como una diputación dinámica y capaz de autogenerar mecanismos de participación que permita que la institución no pierda esa vigencia necesaria para el desarrollo del mundo rural al tiempo que se va adaptando a los tiempos. Ese es el camino que deberán seguir otras diputaciones, como lo han hecho con otras iniciativas de transparencia, colaboración y coordinación que ya ha desarrollado el ente que lidera Carnero. Y, además, pretende desarrollarlo con el preceptivo consenso igual que lo ha hecho en tiempos de mayorías absolutas aplastantes. El consenso no debe ser una necesidad en política. Debe ser una convicción.

Con esta iniciativa, la Diputación de Valladolid, demuestra dos cosas fundamentales:por una parte que no es una institución decimonónica y anclada en el pasado, como ahora defienden los adalides del populismo, pese a que algunos de ellos cobran de estas instituciones; y por otra, que están capacitadas las diputaciones para tomar la iniciativa sin esperar a que los que propugnan la necesidad de cambios no hagan nada para ello, pese a que se les llene la boca de propuestas que son incapaces de desarrollar en el seno de sus propias formaciones políticas. Una lección política fruto del constante esfuerzo y la convicción en mejorar la política al servicio de los ciudadanos.

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