Votar contra el sectarismo
PUES sí. El próximo día 26 me va a tocar votar. Espero que no se me dé mal tras varias ocasiones sin haber practicado. Después de sentir mi obligación de engordar la estadística de quienes no votaban me siento a ahora compelido a atravesar el umbral de la urna. Es cierto que si el descontento (mediante la opción democrática de no votar o a través de otras posturas) se hubiera mostrado con mayor virulencia hace algunos lustros, no habríamos llegado a este estado de descomposición política y social.
Las opciones básicas están claras. Se puede votar a una de las dos papeletas clásicas de la actual democracia, que con tanta millonada de votos decidieron hacer un negocio de su hábil y útil instalación en el punto medio de los expedientes por los que el dinero navega viento en popa, en un mar de abundancia: urbanismo, ayudas sociales, EREs, etc.
La corrupción es evitable. No tanto por la transmutación de las almas de los beneficiarios y colaboradores necesarios, como por la regeneración normativa y la presión social.
Además, dentro de las opciones básicas, aparece un partido de discurso razonable, moderado, de espíritu joven. Valiente ante algunas cuestiones de esas que hoy venden con la facilidad de un escenario buenista. Eso sí, la formación es inexperta frente a un momento crucial y delicado como el actual.
Finalmente, propio de un país más inculto que pobre, nos encontramos ante una formación que trata a los electores como tontos emocionales. De ahí el aumento que se prevé en su batida de votos. Su inconfundible aroma totalitario y de ideología sustentada en el triunfo del fracaso, me permite acotar el espacio de decisión, tras su eliminación inicial.
Tras una infancia y primera juventud en siete ciudades españolas, espero decantarme por quien mejor sustente una cohesión social, que no alimente venganzas ni sectarismos, que propugne un bien común sustentado en la libertad, y que apoye las situaciones de debilidad sin menospreciar el reconocimiento del talento y el esfuerzo que hace crecer a los individuos y a las sociedades.