Diario de Valladolid

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SI PARA algo está sirviendo la comisión de investigación del Hospital de Burgos es para demostrar que no va a servir para nada. Al tiempo. Y no es que uno sea adivino, ni posea una bola de cristal, ni siquiera la de la bruja avería. Ni falta que hace para darse cuenta de que ya está todo el pescado vendido, por mucho que unos pregunten y otros respondan durante horas y horas.

Bastan los dos primeros días de comparecencias, con el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, y los ex consejeros de Sanidad, César Antón y Francisco Javier Álvarez Guisasola, que adjudicaron e impulsaron las obras del hospital burgalés, respectivamente, para darse cuenta de que, como diría la sabiduría popular, «aquí cada uno va a lo suyo, menos yo que voy a lo mío».

Que es tanto como decir que cada uno tiene ya su discurso preparado y le da igual quién esté enfrente porque no lo va a cambiar. Para la Junta y el PP no es que todo esté perfecto, es que está inmaculado. Mientras, para la oposición no es que todo esté mal es que está rematadamente mal. Vamos que no se ha dado una a derechas. Y así va a ser desde ahora y hasta el final de las comparecencias, de los informes que allí se vean y de las conclusiones definitivas.

Ahí, de nuevo, se volverá a escuchar a los ‘populares’ defender y vanagloriarse de su gran gestión en la obra del Hospital de Burgos y la oposición asegurar que la comisión ha servido para demostrar que nada de lo que se hizo fue acertado. Vamos que todos habrán ganado, como si de una noche electoral cualquiera se tratara, menos los ciudadanos.

Como tampoco hace falta una bola de cristal para darse cuenta ya de antemano que está campaña electoral va a ser igual de tediosa y vacía de contenido que fue la de hace seis meses. Y que, como en la comisión de investigación del Hospital de Burgos, cada uno irá a lo suyo, a ese discurso autómata.

Decía Ortega y Gasset que las más de las veces «lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, y por eso nos pasa lo que nos pasa». El problema es que los castellanos y leoneses sí saben lo que les sucede, los que todavía no se han enterado de nada son los políticos. Y mucho menos esos que desembarcan ahora por estas tierras cual salvadores y a los que después de estos quince días para volverles a ver el pelo por Castilla y León habrá que echar mano, ahí sí, de una bola de cristal.

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