Diario de Valladolid

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APENAS RECOGIDOS los sayos procesionales de la Semana Santa, nuestra Comunidad enfila hacia Villalar con fundados presagios de tener la fiesta en paz, que es tanto como decir sin desplantes ni estridencias: con rutinaria normalidad institucional. También este año ya sin manifiesto, que dada la distancia que iba tomando su expresión con cualquier realidad tangible, sin duda es lo mejor. Por si acaso algún día fuera preciso recuperar este apósito ritual. Previsiblemente, sin lluvia, que es un incordio tan molesto para la fiesta como agradecido por el campo. Y no debemos olvidar la condición agraria y cereal de nuestra tierra, más allá de los sonajeros que acompañan tan a menudo otras vertientes de nuestra forma de ser.

La novedad de este año, coincidente con el cuarto centenario de la muerte de Cervantes, es el homenaje matinal al primer escritor, con lectura de aquellos de sus textos esenciales que nos conciernen más directamente, bien por su referencia expresa a nuestra tierra o bien por la expresión de los altos ideales que inspiraron asimismo la jornada de Villalar. Acaso la semblanza cervantina anime un año más al veterano poeta berciano Luis López Álvarez a acercarse al monolito con su ofrenda de versos. El poeta de Los Comuneros cumplirá el 7 de mayo 86 años y desde hace 44 arrastra ese vínculo que cada primavera lo conduce al retorno. Pertenece a la generación poética del medio siglo, pero con una trayectoria alejada del rumbo doméstico de la mayoría de sus colegas.

Vivió los años de formación en Valladolid y emprendió la aventura literaria junto a Umbral, que lo evoca como «viejo camarada de adolescencias impacientes; un joven ingenio que también andaba por la ciudad disfrazado de poeta, como yo, y con quien a veces me encontraba en la carbonería, a por un kilo de ovoides». López Álvarez salió de Valladolid en 1950 a trabajar en la Unesco, sin cejar en el compromiso ni en los versos. Su libro más reciente, Estado de necesidad (2014) repasa los corredores de la emigración, en África y en la América hispana, donde ahora vive, con versos dictados por la conciencia de una injusticia.

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