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YA ACABÓ la Semana de Pasión, pero no para todos. Y si no que se lo digan a la necesaria Ordenación del Territorio. Esa que aprobaron por consenso PP y PSOE allá por la Legislatura pasada, cuando el gran –por la estatura, no lo olviden nunca– Óscar López se paseaba por estas tierras como el mandamás socialista, y que sigue de ronda.

Lo suyo por las diferentes diputaciones sí que es un vía crucis y no los de Semana Santa. Lleva ya tantas caídas como Jesucristo camino del Calvario. Claro que alguna, como la que se llevó en la Diputación de Valladolid fue inducida por la oposición, que Jesús Julio Carnero ya había puesto sus votos a disposición de ese informe que diera viabilidad a la Ordenación y sus UBOST, lo que vienen siendo las Unidades Básicas de Ordenación y Servicios del Territorio, en román paladino.

En Ávila y Salamanca, en cambio, el revolcón fue soberano. Otros, como Martínez Majo en León prefieron modificar lo que hubiera que modificar en el informe para conseguir sumar a la mayoría de la oposición para sacarlo adelante.

Pero, ojo cuidado, que desde el Ejecutivo autonómico ya se avisa que poco menos que da igual lo que digan o hagan porque esos informes no pasan de ser meramente informativos y nada vinculantes. Vamos que corren el riesgo que se les haga el mismo caso que a los del Procurador del Común. Grave error.

Lo que se deja entrever en las diputaciones, allí donde están representados los pueblos de menos de 20.000 habitantes, precisamente aquellos a los que va dirigida principalmente esta ordenación, es que falta cuando menos mucha pedagogía. Vamos que no se les ha explicado el día después a los alcaldes. El que hay de lo mío. El que les digo yo a mis paisanos cuando no sepan a dónde acudir para reclamar la prestación de un servicio.

Quizás falta pedagogía, dicen desde la Junta. Quizás, no. Falta mucha pedagogía y sobra burocracia para que la ordenación sea una realidad entendida y comprendida por aquellos a quienes está dirigida. Mal harían desde el Ejecutivo autonómico si tratan de imponerla.

Los noes y recelos de las diputaciones no son más que un aviso claro a navegantes de que no todo vale. Que ellas también quieren ser escuchadas, y tienen que serlo. Lo que ya no funciona es el prietas las filas, que parece ahora empieza a estar ‘demodé’. Y para muestra, tres caídas. Que tomen nota.