Diario de Valladolid

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HIPOCRESÍA. Eso es lo que hay en la política, entre otras muchas cosas que me callo porque si las dijera a mí sí que me condenaría el juez del caso Carrasco y no como a Raquel Gago. Y el mejor ejemplo es todo lo que tiene que ver con las diputaciones, más bien con su eliminación. Y sino que se lo pregunten a los de Ciudadanos.

«Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan», así es como define el diccionario de la Real Academia de la Lengua el término hipocresía. Y eso es justo lo que hacen estos políticos del partido naranja, excepción de sus dos consecuentes diputados de Soria, cuando de hablar de la diputaciones se trata: decir una cosa y hacer la contraria.

Pedir que se eliminen, pero mientras eso llega, que ya verán como nunca será, se sientan en la poltrona del cargo, ya sea de portavoz o diputado, y a pillar cacho.

Y a seguir con su hipocresía. Esa que les hace decir que están ahí para reformarlas desde dentro. ¿Cómo? ¿Manteniendo la misma estructura decimonónica y anquilosada que ellos critican, pero que aceptan sin rechistar porque les va en el sueldo? Lo raro es que sigan siendo naranjas y aún no se hayan puesto colorados.

Señores de Ciudadanos, no se puede estar en misa y repicando. No se puede ser el muerto en el entierro, la novia en la boda y el niño en el bautizo. Si no quieren las diputaciones, bien, defiéndanlo, es su derecho, pero abandonen la hipocresía y sálganse de aquello que creen es un despilfarro y, poco menos, que el causante de todos los males. Eso sí, vayan a defender eso a los pueblos de Castilla y León, aquellos donde de no ser por esas denostadas por ustedes instituciones provinciales no tendrían ni luz, ni agua, ni los servicios más esenciales. Y cuando vayan, llévense a esos que les dirigen desde Barcelona o Madrid, para que vean que hay vida más allá de las grandes ciudades.

Y, mientras esto sucede, al presidente de la Diputación de León, Juan Martínez Majo, le parece vergonzoso que en el Senado, esa cámara territorial que no sirve más que acoger momias y descolocados de la política a razón de 7.000 al mes, se hablen las lenguas oficiales que recoge esa Constitución que el PP parece querer para sí solo. Mira que no tendrá Majo cosas de las que avergonzarse en la política sin salir de su partido. Que no las entiende. Pues póngase los cascos y que le traduzcan. Claro que algunos de los que allí hablan no los iba a entender ni con traducción simultánea.

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