Diario de Valladolid

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Uno que creía que después del fichaje de Figo por el Madrid ya lo había visto todo, ahora resulta que los jueces, esos que tienen que impartir justicia según lo que dictan las propias leyes, cometen errores «sin paliativos». Y lo más curioso no es que los perpetren, sino que los asumen como si nada y se quedan tan panchos.

Oye que por el camino se cargan a la institución del jurado popular después de veinte años, ¡qué más da! Lo que importa es que el magistrado-presidente del jurado que juzgó el asesinato de Isabel Carrasco rectifica y lo hace en tiempo y forma y sin que nadie se pueda, ni deba sentir perjudicado. Menos esas nueve personas a las que por mor de una ley se les obliga a estar más de un mes, día tras día, viendo pruebas, escuchando testimonios, para tomar una decisión, que después el juez la tumba, sin paliativos. Vayan ustedes a su jefe, díganle que por una equivocación suya se ha ido al traste un negocio vital para la empresa y ya verán como las consecuencias sí que son sin paliativos.

Más allá allá de ese error garrafal, ¿cómo es posible que ese juez no se diera cuenta que estaba haciendo mal el objeto del veredicto? ¿Es que era el primero que hacía? Y, a renglón seguido, ¿cómo puede ser que de cinco partes, tres acusaciones y dos defensas, ni una sola se percatara de los errores de bulto, a decir de los juristas, que se recogen en ese objeto del veredicto?

Sin paliativos es todo lo que está sucediendo en el juicio por el asesinato del Isabel Carrasco. El único donde se permitió juzgar a la víctima hasta prácticamente pisotearla, con acusaciones que ninguna de ellas estaban probadas, entre otras cosas porque eran falsas. Y en el que cada vez que sucedió algo sin paliativos siempre tuvo que ver con la policía local, Raquel Gago.

Que desaparece un abogado, vamos algo que se ve en todos los juicios, sin dar la más mínima explicación, tenía que ser el de Gago. Que el juez decide dejar en la calle a una condenada por asesinato, aunque sea como ahora sentencia en calidad de encubridora, tenía que ser Gago. Y, para finalizar, que su señoría se equivoca y comete un error «si paliativos» que deja el veredicto del jurado en prácticamente papel mojado para una de las partes, de nuevo tenía que ser la policía local.

Una reflexión: si finalmente el juicio se suspendiera, como algunos catedráticos sospechan puede suceder, ¿alguien hará al juez asumir su error sin paliativos? Ya verán como no.

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