Diario de Valladolid

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En la ola de aquí todo vale y cualquier cosa cuela, los más pispos acabaron apañando un patrimonio inmobiliario. Pero las torpezas de aquel atropello dejaron carcomido el bienestar colectivo. De ahí deriva la atmósfera de corrosiva melancolía que atribula a tanta gente, víctimas sucesivas de sisas y recortes. No es una situación habitual ante la expectativa de las urnas, pero es lo que ofrece este tránsito de octubre, mes del ahorro. Porque quedan demasiadas incógnitas sin descifrar. La calamitosa gestión de las entidades de ahorro tiene pendiente el escrutinio judicial a sus liquidadores, pero sigue dando sorpresas, aunque ahora ya vienen de fuera. Un informe de la Comisión Europea tumba la lacia sentencia del Supremo que avaló la devolución de dinero a los hipotecados con cláusula-suelo, pero sólo desde mayo de 2013, fecha de su perezoso pronunciamiento. Esa trampa estaba en todas las hipotecas suscritas durante los años de la burbuja. También en las de las Cajas, aunque pueda parecer increíble por incompatibilidad con sus objetivos.

La enmienda europea al apaño del Supremo es lo último de la gotera insoportable en que se ha acabado convirtiendo el legado del ahorro de la gente. Pero tampoco es manco el anuncio de la puesta a disposición de la Junta de cien pisos del Sareb o sumidero bancario, que tienen esa procedencia, para alquilar a desahuciados de la meseta. No gratis, sino a cambio de ciento diez millones de pesetas por cuatro años. Después de los miles de millones empleados en el rescate, a nadie se le ocurrió determinar que la bolsa de pisos se destinara para cobijar a quienes no podían hacer frente a los pagos como consecuencia de la mordida de sucesivas ilegalidades, en vez de retribuir con escándalo la codicia de los pajes de un nuevo gatuperio. De los 396.000 euros anuales de la presidenta Belén Romana, que ya estuvo con Rato en la aznaridad, a los 105.000 por cabeza de la tropa. A su lado, la soldada que los nuevos y viejos partidos se reparten en las Cortes autonómicas, no da ni sombra. Aunque resulte difícil de soportar. Por higiene.

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