El primo de Zumosol
«ES necesario afrontar la reconversión minera teniendo en cuenta las directivas europeas, contrarias a subvencionar sectores en recesión como la minería». Esta declaración de intenciones, que hoy firma el clon de Aznar que dirige la política industrial y energética, por mor de Mariano Rajoy, no es de nadie del PP nacional, que en su mayoría no han visto a un minero ni por televisión.
Esa afirmación es del ex presidente del Gobierno, Felipe González. Y la hizo allá por el año 1991 en un acalorado debate que le enfrentó en el seno de un comité del Partido Socialista a su hasta entonces pareja de hecho Alfonso Guerra, para defender la necesidad de mandar a la calle a cientos de mineros, cerrar minas y reconvertir la pública Hunosa.
24 años han pasado desde que González sentenció al carbón, por culpa de Europa, la maldita Europa. 24 años para que ahora venga el canario Soria y diga, como antes Felipe González, que toda la culpa la tiene Europa, maldita Europa. Dos declaraciones de intenciones de dos gobiernos de distinto color político que demuestran que éstos han sido 24 años de mentiras y engaños, de unos y otros, hacia las cuencas mineras. 24 años en los que el carbón ha estado más sentenciado que Julio Villarrubia en las listas del PSOE.
Estos socialistas se creen que pueden seguir engañando con unas primarias que no tienen nada de democráticas,porque el control sigue siendo del aparato. La realidad es que nada ha cambiado desde los tiempos en que Alfonso Guerra dijo aquello de «quien se mueva no sale en la foto».
Villarrubia se las prometía muy felices. El control de las agrupaciones de su tierra, con la aquiescencia de su ‘autodirigida’ Miriam Andrés, le hizo creer que iba a poder perpetuarse en el Congreso, al más puro estilo de Juan José Lucas en el Senado. Poco importaban aquellas afirmaciones hechas en el fragor de la batalla de primarias contra Luis Tudanca, cuando el palentino se jactó que se iría, que él no es como otros que viven de la política; que tenía su profesión de abogado. Pero, hete aquí que en cuanto encontró el hueco que le ofreció el aparato de su partido en Palencia para controlar las primarias no dudó ni un segundo para aferrarse a ese uno en la lista al Congreso.
No contaba Villarrubia con que en este invento de democracia interna que se han sacado los socialistas de la manga quien manda no son los votos de los militantes. Aquí el jefe es el dedo de Pedro Sánchez, que aparece para demostrar su fuerza cual primo de Zumosol.