Purgatorio de arrogantes
DESPUÉS de soportar durante meses la arrogante cohetería de amenazas y desplantes, malicio que ahora nos aguarda un otoño melancólico y de tránsito más bien llorón o doliente. Un período de excusas, tratando incluso de inspirar pena. Porque así suele suceder siempre en las embestidas. Primero, se calienta el brasero lo que haga falta, y luego viene el arreón ciego. Los niños de los pueblos mineros aprendimos la lección en la calle, atizando botes de carburo. Sin reparar en las consecuencias, que a veces podían ser trágicas. Éramos perfectamente inconscientes de los riesgos y el único propósito consistía en superar los tejados con el salto.
Que no es el caso que nos ocupa, aunque el moqueo pueda ser parecido. Porque quien prendió la mecha en Cataluña fue el representante del Estado, y jamás podrá invocar ignorancia en su deriva. Aunque tampoco en este caso la culpa puede atribuirse en exclusiva a los gaiteros de Pujol. Porque ha habido una larga lista de cooperantes, que se extiende prácticamente por toda la transición, un periodo que ya se acerca a la cuarentena, compitiendo en edad con el franquismo. Desde aquel trágala de Banca Catalana, que tanto nos escandalizó, porque a la vez procesaban en nuestro estreno a Demetrio Madrid. Ya entonces, el caporal había empezado a hacer caja y a recaudar beneficios particulares de la gestión patriótica, pero nadie movió un pelo. Luego se sucedieron ruidosos episodios convergentes de corrupción. Nada ocurrió por casualidad, mientras aquella gente resultó imprescindible y mantuvo los apoyos. Así hasta construir el espejismo de que cualquier exceso procedente de aquella periferia podía digerirse sin mudar el semblante.
El disparate se incendió en tiempos de Zapatero, ilustre constitucionalista que en un mitin electoral se comprometió a sacar adelante la reforma estatutaria que le hicieran llegar. Luego lo envenenó la miopía del Partido Popular, recogiendo firmas para revocar su aprobación. Ahora toca prepararse para descontar excusas como quien oye llover. Con la misma indiferencia.