Diario de Valladolid

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«¡FUERA, fuera¡, sinvergüenzas!». Es uno de los gritos que Juan Vicente Herrera, candidato del PP a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, tuvo que oír el lunes en Ponferrada. Una expresión más de indignación de los mineros que no se resignan al intento de Rajoy y Soria de acabar con el carbón y premiar a las todopoderosas eléctricas. A 4.000 kilómetros de distancia de la capital de El Bierzo, este mismo lunes, las limpiadoras despedidas por el Gobierno de Andonis Samaras celebraban su readmisión, al igual que los empleados de la radiotelevisión pública griega, en una muestra de cumplimiento del programa electoral del Ejecutivo de Alexis Txipras.

Herrera se ha enfrentado al ministro Soria más que otros dirigentes socialistas regionales lo hicieron por similares motivos contra Zapatero o Almunia. Sea habilidad, valentía o don de la oportunidad, el candidato popular se reunió con los mineros el día en que 800 trabajadores de la Hullera eran expulsados al paro por un incumplimiento más de Rajoy.

En otras épocas, agresiones tan flagrantes habrían reactivado más rebeldía social. El valor del consenso entre opuestos se ha magnificado y la resignación ante lo menos malo ha calado en la sociedad; hasta el punto de que corremos el peligro de acostumbrarnos a mayores cotas de desigualdad, como ha denunciado Jorge Mario Bergoglio, alias el Papa.

Los griegos, cuyos antepasados sabían mucho de demo-cracia (poder del pueblo, pese a tolerar la esclavitud y negar a las mujeres los derechos), no se han resignado a las agresiones de gobiernos socialistas y de derechas. Los que anteponen la dignidad en las condiciones de vida de la mayoría sobre el pago de una deuda que crearon quienes hoy están en la oposición, con el beneficio de los bancos, están plantando cara a los más poderosos de la UE. El desenlace de cualquier batalla siempre es incierto al principio y no siempre se gana.

Los de Txipras enseñan cómo se cumple un programa. Los mineros enseñan que no se debe bajar la guardia. Unos y otros miden su fuerza en cada momento. La crisis española ha creado miedo y resignación. Pero estos dos enemigos de la esperanza no son inmutables.

El Diálogo Social ha marcado un camino de pacto en esta Comunidad, demasiado resignada a las desigualdades. Herrera está poco acostumbrado a que los conflictos laborales le estallen en la cara. Es el adalid del consenso y eso le ha ido bien. Los sindicatos le han fortalecido y él ha respondido con generosidad a ese «gesto». Ambos han reducido el espacio a una izquierda política carente de estrategia propia. La cultura del pacto ha reportado ventajas pero también ha fortalecido la resignación y esa resignación ha escondido no pocas veces las desigualdades, como dice el Papa. Es palabra de dios.

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