Diario de Valladolid

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TRES DISPAROS, por la espalda y a quemarropa segaron hace un año la vida de Isabel Carrasco. ¿Su único mal? No plegarse a las intenciones de dos mujeres, la asesina confesa Montserrat González y su hija Triana Martínez, que lo único que querían era que la presidenta de laDiputación ‘colocara’ a Triana en la Institución provincial o donde fuera.

La hija de la asesina confesa sólo ansiaba la poltrona y pillar cacho en forma de un puesto de funcionaria sin ganárselo. ¿Sus méritos? Ninguno, más allá de que otros ya la habían colocado antes y ella lo que buscaba era perpetuarse en un cargo que no le correspondía.

Pudo ganárselo. Pudo hacerlo suyo. Sólo tenía que aprobar la oposición y darle con el examen en las narices a su odiada Carrasco. Pero no, ella y su madre prefieron ir por el camino fácil. El mismo por el que habían ido siempre. Esa plaza era para ella porque alguien se lo había prometido y tenían que dársela como fuera y pasando por encima de quien fuera. Y si para eso había que entregarle el examen, pues que lo hicieran. Al fin y al cabo ella era Triana, la gran ingeniera de Telecomunicaciones que tanto había trabajado y dado por la Diputación.

Carrasco no cedió, sacó la plaza a oposición y otra persona con más méritos la consiguió. Triana no pasó ni del primer examen. ¿Qué hubiera sucedido si la presidenta de la Diputación se hubiera plegado a los espurios deseos de madre e hija? ¿Qué habrían dicho sus numerosos enemigos? Muchos de los cuales consintieron sin rechistar el nombramiento ‘a dedo’ de Triana.

La hija de la asesina confesa de Carrasco se había acostumbrado a que se lo dieran todo sin esfuerzo, a pasar por encima del resto y no podía consentir que eso se truncara ahora. Ni ella, ni su madre. Lo preparon todo, lo acordaron todo con la otra implicada, la policía local Raquel Gago, según la jueza, y hoy hace un año descargaron todo su odio sobre su enemiga en esos tres disparos. Ni un ápice de arrepentimiento, ni de sentimiento de culpa, ni de remordimiento. Lo habían planeado y sólo les falló que las pillaron.

Y ahora quieren presentarse como víctimas de una supuesta presión y persecuión sin límites. La única víctima aquí es Isabel Carrasco, que fue asesinada vilmente. Y después, su familia, sobre todo su hija. Vaya para ella todo el afecto y el cariño.

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