AGRICULTURA SOSTENIBLE
Agricultura ecológica con compromiso: «Aquí sabemos lo que comemos»
La cooperativa Huerta Molinillo produce verduras ecológicas en Burgos y ofrece cestas cerradas para un consumo sostenible

La cooperativa Huerta Molinillo cuenta con el apoyo de la Fundación Alter.
Desde su huerta burgalesa, la cooperativa formada por Rafael Martínez, Isabel Díez, Dominique Tiendrebeogo, Belén Santamaría y Fiorina Fazio tiene un objetivo que va más allá de vender verduras de temporada. «Nosotros trabajamos para poner nuestro granito de arena, para cuidar el planeta protegiendo el suelo y, por supuesto, a todas las familias que nos compran. Por eso funcionamos al 100% en ecológico», asegura uno de los seis socios trabajadores, Rafael Martínez.
Juntos han formado la cooperativa Huerta Molinillo. «Tenemos dos huertas con dos invernaderos en Burgos capital y una finca de una hectárea en Rabé de las Calzadas con otro invernadero de 500 m2. En total, los tres suman una hectárea y media», detalla.
A la hora de vender, no tienen una tienda física abierta al público. Tampoco venden por página web o por redes sociales. «Nosotros funcionamos con cestas cerradas. Las personas que nos compran son socios de la cooperativa y se comprometen a recoger cada semana o cada quince días -dependiendo de la modalidad que escojan- una de nuestras cestas», señala.
Cada una de estas cestas tiene entre 5 y 6 kilos de verduras, con al menos cinco productos diferentes. La oferta es amplia. En invierno destacan las coles, con una amplia gama, coliflores y repollos y, ya en primavera, toman el relevo guisantes, habas y ajetes. En verano llega el producto estrella, el tomate.
«Es uno de los más demandados, pero es un tomate diferente al que se encuentra en un supermercado. A diferencia de los híbridos, que están rojos aun sin estar maduros, los nuestros, cuando se ponen rojos, es que están maduros y por eso son un poco más blandos», puntualiza, convencido de que la verdadera diferencia está en el sabor. «Esto es un lujo», asegura.
En algunas ocasiones, las cestas llegan con sorpresas, como legumbres ecológicas o algo de fruta de pequeños productores «con los que colaboramos». Por regla general, cada socio tiene 50 cestas al año y 25 para los que recogen cada quince días, cuya cesta tiene un tamaño mayor. «Solo paramos dos semanas en Navidad», afirma Rafael Martínez.
Cambio climático
Pero lo cierto es que el cambio climático está poniendo en duda lo que, hasta hace muy pocos años, eran certezas. «Las lluvias de estos meses… o esta semana, por ejemplo: 16 grados en febrero no es normal y, en el campo, cualquier desviación atípica supone un perjuicio», lamenta preocupado también por el exceso de calor del último verano. «El calor extremo afecta, sobre todo, a los tomates, pimientos y judías verdes».
Heladas a destiempo y tormentas de febrero como si fuese abril. «Cada vez vemos más fenómenos extraordinarios y eso no es bueno», advierte con la mirada puesta también en plagas como la mosca blanca o el pulgón, que antes aparecían de forma esporádica y ahora «no dejo de verlas nunca».
Mercosur
n su opinión, el futuro de la agricultura y la ganadería no puede pasar por acuerdos como el de Mercosur. «Europa no puede considerar la agricultura y la ganadería como un ítem más de mercado, como si fueran chips o ropa. La comida es algo fundamental para sostener la vida», insiste el ingeniero agrícola, preocupado por la capacidad productiva de un suelo que, en 50 años, ha pasado de tener del 2-3% de materia orgánica a estar por debajo del 1%. «La administración tiene que estar para ayudar, no solo para sancionar», reclama.
A punto de cumplir doce años de historia, el camino no ha sido fácil. «Cuando lo montamos, tanto Isabel como yo nos habíamos quedado sin trabajo. Nosotros y nuestras respectivas parejas. Fueron años complicados porque, además, yo ya tenía 3 hijos, pero afortunadamente encontramos a personas buenas en el camino, como Iñigo Ernani, que, con su experiencia, nos ayudó a dar los primeros pasos así como la ayuda de mucha gente que colaboró de forma altruista. Estamos convencidos de lo que hacemos y mientras haya ilusión, tendrá sentido», agradece.
Crowfounding
Conscientes del elevado precio que hay que pagar para mantener las instalaciones dentro del concepto de sostenibilidad que defienden, esta huerta burgalesa ha abierto un crowdfunding para que las personas que quieran les ayuden a financiar la nave que acaban de comprar para guardar la maquinaria. «Es una nave antigua, que hemos comprado a un agricultor que se jubilaba, y tiene goteras, uralita… pero vamos poco a poco arreglándola y toda ayuda será bienvenida», anima mientras recuerda una frase de Iñigo Hernani: «Eligiendo el origen de vuestra comida, elegís también qué tipo de agricultura sostener, y también unas relaciones humanas y económicas».