Diario de Valladolid

PLANTAS AROMÁTICAS

Arranca la cosecha de lavanda con precios «por debajo de coste»

Virginia Re y Damián Navascués gestionan una explotación de 60 hectáreas de lavanda y lavandín desde 2007

Acaba de empezar la recolección que terminará en unas semanas

Campos de Lavanda en San Felices

Campos de Lavanda en San FelicesGonzalo Monteseguro

Publicado por
V.R.A
Soria

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San Felices desprende estos días un olor especial y tiene una paleta de colores con tonalidades violetas y moradas que no pasa desapercibido. De ambas cosas son ‘culpables’ los campos de lavanda maillette y lavandín super/grosso de la explotación familiar que gestionan Virginia Re y Damián Navascués y que comprende 60 hectáreas que ahora mismo se encuentran cosechando.

De momento es pronto para hacer un balance de cómo será la actual campaña ya que «hemos cosechado solo un campo de lavanda que supone una hectárea y media, más o menos». De todas formas, Re sí indica que «el mayor problema que tenemos ahora mismo son los precios, que están por debajo de los costes de producción».

En este punto, la agricultura pone el foco en los productores de los países del Este, cuyos costes de mano de obra no tienen nada que ver, pero, sobre todo, en la Unión Europea que ha tardado mucho en eliminar de la lista negra del reglamento CLP a la lavanda y a los aceites esenciales. Pero, aunque ha costado, es una batalla que ya han ganado.

El matrimonio decidió dejar Madrid y sus trabajos en la capital para apostar por el pueblo del que desciende él y centran sus esfuerzos, desde 2007, en la lavanda y el lavandín. «Comenzamos con una plantación de encina trufera (trufa negra /tuber melanosporum) y a partir de ahí, conservando la flora autóctona de la zona (romero, tomillo, espliego y salvia), cultivo y destilación de lavanda y lavandín», indica. Re explica que «a los 12 años se renueva la planta por los que actualmente tenemos alguna tierra en barbecho y en otras hemos plantado maíz». La lavanda, continúa, «es una planta aromática muy conocida por su fantástico olor, uso en gastronomía e inmensas propiedades medicinales».

Y es que, aunque pueden parecerse, lo cierto es que hay diferencias importantes entre la lavanda y el lavandín. La primera es que «la lavanda no crece en cualquier sitio requiere tierra de calidad y una altura por encima de los 900 metros». Además, «tiene un rendimiento inferior al lavandín, pero, por contra, el precio por kilogramo de aceite esencial es cuatro veces mayor». Una cosecha media puede suponer «recoger 30 kilos por hectárea de lavandín y 20 kilos por hectárea de lavanda».

Otras diferencias son que «la lavanda es una variedad muy fina de olor dirigida hacia la cosmética y la perfumería mientras el lavandín es mucho más fuerte de olor y con unos componentes naturales más marcados a nivel de linalol y alcanfor que se usa para insecticidas y productos de limpieza».

Ambas se plantan «entre enero y marzo» y es importante saber que «cosechamos, trituramos las flores en 24/48 horas para que no se pudra la planta con remolques en el campo. Después se vuelca en contenedores de acero inoxidable y se lleva a la destilería donde se realizan todas las analíticas pertinentes», explica Re el proceso ya que para conseguir que sea óptimo «es importante su almacenamiento hermético para después calentarla en un horno y obtener, mediante el vapor resultante, la esencia de lavanda.

El vapor pasa por un serpentín en el que se enfría y se puede separar el agua del aceite, que es la esencia de la lavanda», indica la productora que apunta que desde el año pasado tienen el sello de cultivo ecológico. El matrimonio cuenta con una «una línea de productos de cosmética bajo la marca ‘Árboles Ecológicos’ que muevo en ferias y por la web», apunta.

Se trata de un producto cuya rentabilidad se fija en el medio y el largo plazo, puesto que el primer año se planta pero no se recoge prácticamente nada, y no es hasta el tercero cuando se empieza a tener rentabilidad. Así, alcanza su nivel óptimo a partir del cuarto año y sus rendimientos se mantienen en niveles altos hasta los 12 ó 15 años desde el inicio del cultivo.

Virginia Re destaca estos 18 años de trayectoria como «una aventura» añadiendo que «cada día es diferente. Un día sale el sol, otro día sale nublado, otro día sale una borrasca terrible... pero, a pesar de los días malos, el cómputo es positivo». Para terminar, hace un llamamiento a los visitantes, sobre todo, de estos meses de verano. «En San Felices vivimos todo el año unas 45 personas y pedimos a la gente que nos visita y a los hijos del pueblo que sean conscientes de que los campos de lavanda son privados. Que los respeten y que contraten las visitas guiadas que ofertamos para poder entrar y conocer todo el proceso. No pueden entrar y arrancar las flores. Sino, al final, tendremos que vallarlos para evitar la entrada».

Visitas guiadas a los campos de lavanda

Si plantea una visita de turismo, los propietarios recomiendan hacerlo en la época de mayor esplendor: julio y agosto a partir de las 18.30 horas. Estos horarios coinciden con el atardecer, que es sin duda el mejor momento para disfrutar de este paisaje. Lo ideal es hacerlo contratando una visita guiada, de dos horas de duración para no perderse un detalle y disfrutar al máximo.

Un respeto a los campos, son privados

Los propietarios recuerdan a los visitantes que hay que respetar las plantas y la naturaleza. Los campos «son privados y nos encanta que los disfrutéis, pero es responsabilidad de todos cuidarlos y no ensuciarlos». Para ello es imprescindible calzado y ropa cómodos. San Felices no es llano y cada zona tiene su tiempo y maduración adecuada. Para concertar una visita: info@arbolesecologicos.com

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