Los mejores aliados de la protección en cereales para evitar las plagas

Cereal Con las temperaturas más propias de la primavera y la ausencia de lluvia toca vigilar al campo para evitar el acecho de hongos y de malas hierbas

El uso de productos para la protección vegetal ha tenidogran impacto en la agricultura.-V. GUISANDE

Publicado por
I. LL. Y.
Valladolid

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Las temperaturas primaverales de las últimas semanas y la ausencia de precipitaciones son buenos aliados para acelerar el desarrollo del cereal, que ya empieza a acusar la presencia de malas hierbas en las zonas más adelantadas de la Comunidad. Por eso toca vigilar el campo antes de lo habitual para atacar cuanto antes y con los productos más adecuados para asegurar la protección de las plantas contra plagas y enfermedades, velando por la sanidad vegetal que a su vez es garantía de cosecha. Es ahí donde la sanidad vegetal adquiere su relevancia al establecer el marco legal apropiado para la protección de los vegetales, y sus productos, contra los daños generados por organismos nocivos, siempre en consonancia con las buenas prácticas medioambientales. Entre los objetivos se encuentra tanto mantener a los organismos nocivos en niveles de población económicamente aceptables, en los casos en que ya están establecidos en parte o en todo el territorio español, como impedir la introducción y extensión de aquellas plagas procedentes de otras áreas geográficas. «Es innegable el impacto que el uso de productos para protección vegetal ha tenido en la agricultura extensiva», indica Juan Carlos Gutiez Román, responsable del Área de Agricultura de Cecoga, quien constata que «la mejora de producciones generadas por el uso de productos fitosanitarios tanto fungicidas, insecticidas y sobre todo herbicidas ha sido importantísima. Evidentemente los avances tecnológicos en genética, maquinaria, fertilización, manejo y el buen hacer de los agricultores ha influido y ayudado, pero una parte significativa ha venido de mano de los fitosanitarios».

Lo cierto es que los fitosanitarios como productos químicos están sometidos a una regulación muy estricta en Europa para garantizar su seguridad. Y es que para que una sustancia activa pueda comercializarse y utilizarse, ésta debe estar previamente incluida en la lista comunitaria y autorizada e inscrita necesariamente en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Porque su uso puede tener otros efectos no deseables y es imprescindible que estos efectos no sean «en ningún modo peligrosos para la salud humana, ni tampoco que lleguen a presentar niveles de riesgo inaceptables para el medio ambiente, incluidas la flora y la fauna silvestres», indica el Ministerio. Actualiza la base de datos con una periodicidad de 30 días para dar información precisa, fiable y actual para una utilización de los productos fitosanitarios más responsable, más segura, más eficaz y cada vez más respetuosa con el medio ambiente.

«Es fundamental controlar las malas hierbas, sobre todo en cereales», constata José Ignacio Marcos Fuentelmilla, técnico de Asaja Soria en la zona de Almazán. No obstante, todavía no hay ‘peligro’, tranquiliza. «En dos o tres semanas sí que habrá que estar más pendiente».

Lo primero que hay que hacer es determinar las malas hierbas para ver los productos que hay que utilizar. «Evitaríamos así los tratamientos por sistema, que a la larga son menos eficaces». Reconoce que «cada vez hay menos armas con las que combatir estas plagas», porque además tienen que ser respetuosas con el medio ambiente. De ahí la importancia de que el agro se ponga en manos de los técnicos especialistas. «Sobre todo es importante que el agricultor no tome decisiones por sí solo, sino que es conveniente que se deje aconsejar por los profesionales».

El zabro sí preocupa en estos momentos «porque se encuentra en pleno apogeo, dado que este coleóptero está en su fase de larva, cuando más come del cereal. Y cada vez se ve más y cada vez hay más zonas», asegura Marcos. El problema es que es difícil combatirlo porque sólo hay dos registros autorizados de materias activas. «De uno no hay producto y el otro tiene la eficacia que tiene», añade el técnico.

A día de hoy en el cereal de la provincia el vallico (Lolium rigidum) sigue siendo una de las gramíneas adventicias más presentes en la provincia. Este ingeniero técnico agrícola de Cecoga, empresa distribuidora oficial de Syngenta en Soria. reconoce que la aplicación de productos de cara a primavera es la fórmula más segura, pero también es la que resulta más cara. «Además, parte del daño ya está hecho, de modo que en las zonas de alta presión sigue siendo recomendable la aplicación de soluciones tempranas en base a productos residuales y sus diversas mezclas, a pesar de que en algunos casos se deba realizar repasos o segundas aplicaciones».

La avena loca o ballueca prefiere en general de tierras profundas y tiene nacencia muy escalonada y tardía. «Si bien con las prácticas de mínimo laboreo y siembra directa se ve reducida, sigue siendo una mala hierba muy agresiva por su fuerte competencia con el cultivo». Considera que en las parcelas afectadas por esta hierba «hay que intentar retrasar la aplicación lo más posible porque los productos que hay en el mercado son de contacto». No obstante, indica que «si la infestación es muy alta y la nacencia ha sido temprana se puede sopesar adelantar el tratamiento porque si se retrasa en demasía el daño al cultivo será muy alto, aunque nazca alguna avena más tarde».

El bromo es la tercera gramínea adventicia en importancia, ya que «está empezando a extenderse en el campo y en algunas zonas se ha convertido en una pesadilla para el agricultor». Está muy relacionado con el monocultivo de cereal, las prácticas de mínimo laboreo, la prohibición de la quema de rastrojos así como las siembras tempranas, es decir que ya tenemos una clara orientación de cómo evitarla. «También hay productos para su control, pero de momento no son soluciones de buena eficacia en cebada y los momentos de aplicación son muy concretos, ya que para que tenga buen efecto el bromo ha de estar pequeño. En caso de ser el bromo la principal hierba a combatir debe ser ésta y su estado fenológico la que marque la pauta de tratamiento», añade Gutiez Román.

En cuanto a las malas hierbas de hoja ancha, su importancia es menor, no sólo porque las soluciones que existen en el mercado son variadas, sino también porque la competencia que realiza es menor que las gramíneas. «Amapolas resistentes o al menos rebeldes en alguna zona y las hierbas de nacencia tardía como el cordoncillo y la salsola kali suelen ser las quejas habituales de los agricultores. La solución pasa por dosis completas y variación de materias activas en el caso de las amapolas y aplicaciones más tardías y de productos con mayor persistencia en el cordoncillo», manifiesta el responsable del Área de Agricultura de Cecoga.

Por otro lado, insiste en que el uso de fungicidas en el cereal contra las enfermedades producidas por hongos, como roya, septoria, o helmistosporium, entre otros, «ha pasado de ser anecdótico a convertirse en práctica habitual», sobre todo con presión de enfermedad alta, cuando los síntomas empiezan pronto o las condiciones de primavera son las idóneas para estas plagas. «Es más, cuanto mejor y más completo sea el producto usado mejores serán los efectos y mayor el retorno de la inversión realizada».

Para combartir las plagas también se utilizan aplicaciones de insecticida en cereal, si bien no están aún generalizadas. «Últimamente están apareciendo problemas de zabro en algunas zonas donde es imprescindible usar insecticidas, aunque las soluciones están muy limitadas». Otras plagas (pulgón, nefasia, trip, mosquito ‘Mayetiola’, por ejemplo) «tienen soluciones adecuadas y pasan por llevar un seguimiento y la posibilidad de tratamiento para sopesar la toma de decisión de tratar».

Con respecto al zabro, considera que se trata de una plaga cíclica que se regulará a medio plazo, de modo que cree conveniente que el sector no se alarme. Principalmente porque «cualquier tratamiento contra esta plaga es complicado porque el zabro vive en el suelo y si se trata la hoja no es un contacto directo con el coleóptero, lo que supone una limitación más», añade Juan Carlos Gutiez.

Este ingeniero agrícola experto en fitosanitarios y fungicidas considera que en los próximos años «los retos de este sector no son sencillos». A su juicio, «la sostenibilidad de la agricultura extensiva, la prohibición de materias activas, las reducciones de dosis autorizadas en los registros y la escasez de productos nuevos, junto con el cambio de las labores culturales y la aparición de nuevas plagas pone al campo en un nuevo panorama en el que agricultores y técnicos deberán ir de la mano y tendrán que tomar medidas para paliar ese impacto». Unas medidas que pasarán por las buenas prácticas en la utilización de los productos existentes y las medidas culturales, dos aspectos fundamentales.

«En un horizonte a medio plazo, en que apenas se espera la aparición de materias activas nuevas y al contrario, lo seguro es que desaparezcan muchas, debemos cuidar las que tenemos, algo que pasa por aplicar la dosis recomendada por el fabricante o técnico». Y es que las dosis superiores no mejoran la eficacia y pueden producir fitotoxicidad en el cultivo, pero dosis inferiores además de eficacias menores darán problemas de resistencias, de modo que puede terminar no funcionando. «Hay otra manera, que pasad por alternar el uso de las distintas materias activas y familias químicas de herbicidas para evitar las tan temidas resistencias».

De forma paralela están las prácticas culturales, que Juan Carlos Gutiez cree «fundamentales». «No podemos dejar en manos de los productos fitosanitarios toda la labor de proteger los cultivos. Las medidas culturales y agronómicas, tales como la rotación de cultivos, el barbecho o las labores profundas, ayudan y en muchos casos son imprescindibles». Otras medidas pasan por la elección de semilla de calidad y variedades adaptadas para que tengan más vigor y una mayor tolerancia a enfermedades. Sin olvidar las dosis de siembra y la fecha , que «también aportan».

Medio centenar de muestras al día en el campo

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La sanidad vegetal se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la producción agrícola, ya que supone la defensa de los cultivos contra los daños producidos por las plagas y enfermedades que amenazan la calidad y la seguridad de nuestros alimentos. La protección vegetal de los cultivos conlleva actuaciones en la detección de las plagas, el diagnóstico de enfermedades vegetales, su seguimiento, control y erradicación, aplicando las medidas permitidas en la normativa básica y de coordinación. Con este objetivo la Consejería de Agricultura y Ganadería realizó el año pasado más de 17.300 inspecciones de sanidad vegetal en las explotaciones agrícolas de Castilla y León con más de 16.000 tomas de muestras, para al mismo tiempo garantizar que su producción cumple con los estándares mínimos de respeto al Medio Ambiente que marca la legislación vigente. Unas muestras que se toman en más de 2.000 parcelas de cultivo con una superficie aproximada de 1.605 hectáreas pertenecientes a las 97 localidades de las provincias de Burgos, Palencia y Soria, cultivadas por 185 agricultores. En materia de sanidad vegetal se está tratando la situación de plagas de especial interés dentro de los programas de lucha y prevención como son los casos de la ‘Tecia’ y ‘Epitrix’ en patata y la valoración de las medidas implementadas en la lucha contra ‘Xylella fastidosa’. Por el momento en Castilla y León no se ha declarado la presencia de esta plaga pero ya se ha implementado un Plan de Control con el objetivo fundamental de impedir la entrada y propagación de este patógeno basado en la aplicación de medidas de prevención que contempla la celebración de jornadas formativas, información sobre las medidas a llevar a cabo en el caso de que se detectasen plantas sospechosas, así como la colocación de trampas en las parcelas para la detección de los insectos vectores.