PERFIL
Los asistentes del ovino
Sector Mari Cruz Almanza, Miguel Blanco y Pablo Lorenzo son correturnos de El Consorcio de Promoción del Ovino / Cubren las urgencias de los socios, las enfermedades, o los compromisos personales a mitad de coste

Miguel J. Blanco es la última incorporación a este servicio.-E.M
Son pequeños salvadores a los que el ganadero pide asistencia ante cualquier contratiempo, ya se trate de una boda, una enfermedad, unas merecidas vacaciones, o el tiempo necesario para arreglar unos papeles. Los tres correturnos de El Consorcio de Promoción del Ovino llevan más de diez años prestando este servicio a sus socios, con una demanda que ha aumentado en los últimos años.
Mari Cruz Almanza es, junto a Miguel Blanco y Pablo Lorenzo, uno de estos ángeles de la guarda encargados de acudir a las explotaciones cuando el profesional así lo requiere, a mitad de coste. El servicio de correturnos arrancó inicialmente con una sola persona. Ahora ya son tres, y con trabajos suficiente para incrementar la plantilla, según estos profesionales.
El ovino es un trabajo «muy esclavo», que no entiende de alegrías o de tristezas. Se puede decir que el ganadero está pendiente de los animales y de sus explotación prácticamente las veinticuatro horas al día y los 365 días al año. Hay poco margen para otro tipo de actividad que no esté vinculada al sector. Por eso, cualquier ayuda es bienvenida, si ello supone un pequeño «respiro» para un profesional acostumbrado a no tener días libres.
Mari Cruz procede de una familia de ganaderos de Fuentes de Ropel (Zamora), por eso, sabe bien que el profesional del ovino «no solía moverse de casa». Apenas podía permitirse pequeñas alegrías. Mari Cruz recuerda celebraciones familiares cuando, todavía con la comida en la boca, tocaba levantarse de la mesa, abandonar el banquete y atender el ordeño, como se hacían todos los días en su explotación.
Las cosas han ido cambiando, y el ganadero busca calidad de vida. Esa calidad que le permite conciliar la ganadería con su tiempo libre, aunque sea «poco a poco». Aún así, el sector es consciente de que el ovino necesita tiempo, sacrificio personal, en muchos casos, y mucha dedicación.
Un hecho que convierte a la figura del correturnos en una de «las más valoradas» dentro de la cooperativa, con sede en Villalpando. A pesar de este valor, Mari Cruz reconoce, al igual que Miguel y Pablo, que al principio «llamaban cuatro», seguramente por el «temor» a que las cosas no salieran bien.
Y es que para el profesional no es sencillo dejar su explotación en manos, inicialmente, de un desconocido y «confiar» en que todo salga bien. Una confianza que los correturnos se han sabido ganar con su trabajo diario, hasta pasar a ser un servicio fundamental dentro del Consorcio de Promoción del Ovino, cada vez más consolidado.
Las épocas con más llamadas coinciden normalmente con las parideras y los momentos de mayor trabajo en las granjas. El correturnos atiende tanto los casos urgentes, que tienen que ver con alguna enfermedad, como las ausencias programadas por temas familiares, o las sustituciones de plantilla, además de ayudar en los momentos de mayor actividad.
Lo habitual es que unos días antes de acudir a la explotación, se reúnan con el propietario para conocer todos los entresijos y cubrir lo mejor posible esta ausencia, especialmente si ésta va a ser larga, como ocurre en las vacaciones con turnos a veces de hasta catorce días. Miguel Jesús Blanco es el correturnos más reciente. Lleva desde agosto en El Consorcio, «sin parar». «No hay semana sin actividad».
Actualmente, cubre la enfermedad de un ganadero que está «fastidiado». Este joven de 30 años, casado y con una niña, destaca el valor de este apoyo, en un momento delicado para el sector.
El socio de El Consorcio accede a este servicio con la mitad del coste. De esta forma, paga un 50% de lo que abonaría si tuviera que contratar a una persona de apoyo y acudir al mercado laboral. Un aliciente más para echar mano de esta ayuda profesional con personal formado en la propia cooperativa, en buena parte de los casos, en diferentes aspectos relacionados con la gestión del ovino.
Miguel, natural de Moreruela de los Infanzones, procede también de familia de ganaderos, aunque su padre tuvo que «quitarse las ovejas» hace tiempo al no poder «aguantar» la bajada de los precios de la leche. A pesar de su trayectoria y conocimiento del sector, se formó también previamente a desempeñar su labor como correturnos.
Por su parte, Pablo, natural de Andavías, es el más veterano, con cuatro años de servicio al sector dentro de la cooperativa. Gestiona su propia explotación agrícola y reconoce que la ganadería le ha gustado «desde pequeño».
Conoce bien a los profesionales del ovino. Muchos, dice, llevan cuarenta años trabajando y «no han dejado el ganado en su vida».
Aún así, afirma que la demanda del correturnos «aumenta», sobre todo a temporadas. «Este mes de febrero estamos tres correturnos, pero habría trabajo para cinco», afirma convencido de que, a pesar de la desconfianza inicial», esta figura se está convirtiendo en imprescindible.
El Consorcio del Ovino es pionero en la implantación de esta iniciativa y consolidar este servicio de apoyo al sector. Los correturnos se adaptan a la explotación a la que acuden, respetan sus horarios, el manejo, conocen la maquinaria y tratan de solventar el trabajo diario, tal y como lo haría el propietario, con todas las dificultades que puedan surgir. Aseguran que «nunca» han tenido problemas importantes, más allá de los habituales en una granja. Se muestran «satisfechos» de un oficio que se ha ido imponiendo, y reivindican su papel en el ovino.